Miedo

Miedo

mideo_elclavoTuve la oportunidad de ver una vez más la película Fahrenheit 9/11 gracias a mi pirata de confianza (todos tenemos uno), y en protesta a la empresa monopolio que trae tardíamente cine de mala calidad artística a nuestro país, y fuera de eso venden comida chatarra a un precio de estafa. Aprovecho para promover la metida de alimento al cine como lo hace mi mamá: definitivamente un ejemplo de resistencia y desobediencia civil. Se siente bien al escuchar el sonido de la gaseosa en lata dentro de la sala acompañada por un rico sandwich casero.

Fuera de quedar un poco sesgado por el punto de vista de Michael Moore, recordar muchas de las columnas de Caballero en Semana y después de ‘madriar’ a Bush en repetidas ocasiones cada vez que lo mostraban en la película, me di cuenta que nosotros los colombianos no estamos tan alejados de la realidad que afrontan los estúpidos gringos al vivir en medio del miedo, la angustia y la prevención provocada y deseada por los medios masivos de comunicación. Los estadounidenses viven en la víspera de un nuevo “ataque terrorista” por parte de cualquier oriental compadre de Jesús, por Godzilla o un extraterrestre desocupado. Entre otras cosas, ¿quién en el mundo no tiene una razón de peso para responderle de alguna forma al país del norte de América y dejar de poner la otra mejilla? Por ahora la tierra les manda huracanes.

La realidad mostrada por la película de Moore evidencia la influencia ejercida en las elecciones gringas por lo medios masivos a favor de un Bush, que resultó más avispado de lo que aparenta. Esa influencia en Colombia dejó a un presidente electo, promovido por los medios de comunicación como un salvador. Éstos nos hacen creer a diario que él, a punta de bala nos va a proteger de los errores que a través de la historia han desencadenando una situación de violencia de la cual nos queremos librar a toda costa y ya, por eso lo más probable es que Uribe sea reelegido, y que la gente conserve el mismo miedo o tal vez más que antes. Miedo e intereses económicos de inversión que también eligieron a Bush.
Buses con cajas fuertes, taxis con vidrios blindados, mujeres con la cartera asegurada bajo el brazo, tiendas con grandes rejas y caravanas de carros para dirigirse de un municipio a otro en nuestro país, me recuerdan las situaciones de paranoia de los gringos mostradas en Bowling for Columbine, otra película de Michael Moore. Los medios de comunicación colombianos después del famoso 11 de septiembre se han encargado de prostituir de un momento a otro la palabra ‘terrorismo’ como si la situación vivida el día anterior a la caída de las torres gemelas fuese otra. Es un cambio de calificativo que ahora está de moda. Por ejemplo, a unos antes les decían guerrilla y bandoleros, luego narcoguerrilla y ahora narcoterroristas. Cualquier vaina ya es un atentado terrorista, involucre o no explosivos. Pero “no” lo es cuando ejército y policía bombardean por doquier desde el famoso avión fantasma, o cuando le echan Glifosato a la gente para que se muera junto con la coca o se vayan del campo para la ciudad, a punta de seguridad democrática.

Tal vez no se dan cuenta del significado de esa palabra y a lo que ésta induce, debido a que su significado tiene connotaciones políticas y no de diccionario. Los terroristas colombianos son los medios de comunicación con sus irresponsables noticias y desafortunadas ‘chivas’ de última hora, los políticos que confunden la gobernalidad con el faranduleo, el gobierno de nuestro presidente que protege a sus fijos reelectores citadinos y olvida a la gente del campo. Terroristas las universidades que se preocupan por los resultados del ECAES y acreditaciones en papel; por temas académicos que buscan la preparación en distintas disciplinas de sus estudiantes y se olvidan del compromiso social como instituciones educativas, al no sacar ciudadanos comprometidos con el país que se especialicen en el sector público así como se preocupan por alimentar el sistema con el privado.

Ojalá no esté siendo un terrorista o sea acusado de ello por reflexionar a través de este artículo; por lo menos no es la intención. Mientras tanto me preparo a afrontar el miedo que significa expresarse “libremente” en este país, aunque ya tengo menos que antes.

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