¡Mucha guerrillera!

El pecado de pensar diferente

so me dijeron mis compañeros cuando di los motivos para no apoyar la marcha del 4 de febrero. Me miraron por encima del hombro y ya no quisieron escucharme más. Cualquier palabra era respondida con burla, evasiones e insultos. Dejaron muerta la discusión.
Allá fui, no porque me hubieran intimidado, sino porque a pesar de las mentiras, las malas intenciones y las fuerzas oscuras que se apoderaron de la marcha, yo iba con el verdadero sentido de la movilización: ESTOY MAMADA DE LAS FARC.
El 6 de marzo, estaban los mismos motivos para no ir pero con cambio de personajes y yo tenía la misma excusa para salir: ESTOY MAMADA DE LOS PARACOS Y DE LOS CRÍMENES DE ESTADO; con una razón más: me parece el colmo la doble moral que reina en este tema. Eso tan malo que hacen las FARC, no es tan terrible si lo hacen los otros. ¿Desde cuándo el conflicto colombiano se volvió un asunto de buenos y de malos? Ese cuentito se lo tiran de un lado a otro los actores armados, escasos de ideas y respeto: guerrillos, paracos, narcos y gobiernos.
Hoy la oigo en las universidades, esa visión extremista que calienta los buses y hace imposible hablar de política en el almuerzo: si no estás de un lado, estás del otro, sos el enemigo, estás loco. Y “que mueran esos HP’s”, tan agresivos son del lado derecho como del lado izquierdo. No hay matices. Se aferran a convicciones más cargadas de pasión que de racionalidad, basadas en un discurso sacado de medios demasiado parciales y que se repite en ámbitos de poca reflexión. Por ahí encontré algunos diciendo, indignados, que en Colombia no se cometen crímenes de Estado, universitarios capaces de leer, de consultar otras fuentes, ¡de no tragar entero!
Lo más triste es que se está perdiendo la capacidad de discutir y escuchar al que opina diferente, la posibilidad de cuestionar lo que uno piensa para así poder aprender. Se le abrió paso a la intolerancia, al encierro mental. Eso señores, es tan peligroso como las FARC (y las AUC y los gobiernos y los narcos y todos los grupos violentos).

Eso me dijeron mis compañeros cuando di los motivos para no apoyar la marcha del 4 de febrero. Me miraron por encima del hombro y ya no quisieron escucharme más. Cualquier palabra era respondida con burla, evasiones e insultos. Dejaron muerta la discusión.

Allá fui, no porque me hubieran intimidado, sino porque a pesar de las mentiras, las malas intenciones y las fuerzas oscuras que se apoderaron de la marcha, yo iba con el verdadero sentido de la movilización: ESTOY MAMADA DE LAS FARC.

El 6 de marzo, estaban los mismos motivos para no ir pero con cambio de personajes y yo tenía la misma excusa para salir: ESTOY MAMADA DE LOS PARACOS Y DE LOS CRÍMENES DE ESTADO; con una razón más: me parece el colmo la doble moral que reina en este tema. Eso tan malo que hacen las FARC, no es tan terrible si lo hacen los otros. ¿Desde cuándo el conflicto colombiano se volvió un asunto de buenos y de malos? Ese cuentito se lo tiran de un lado a otro los actores armados, escasos de ideas y respeto: guerrillos, paracos, narcos y gobiernos.

Hoy la oigo en las universidades, esa visión extremista que calienta los buses y hace imposible hablar de política en el almuerzo: si no estás de un lado, estás del otro, sos el enemigo, estás loco. Y “que mueran esos HP’s”, tan agresivos son del lado derecho como del lado izquierdo. No hay matices. Se aferran a convicciones más cargadas de pasión que de racionalidad, basadas en un discurso sacado de medios demasiado parciales y que se repite en ámbitos de poca reflexión. Por ahí encontré algunos diciendo, indignados, que en Colombia no se cometen crímenes de Estado, universitarios capaces de leer, de consultar otras fuentes, ¡de no tragar entero!

Lo más triste es que se está perdiendo la capacidad de discutir y escuchar al que opina diferente, la posibilidad de cuestionar lo que uno piensa para así poder aprender. Se le abrió paso a la intolerancia, al encierro mental. Eso señores, es tan peligroso como las FARC (y las AUC y los gobiernos y los narcos y todos los grupos violentos).

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