Negro tenía que ser… Porque es el mejor color

Negro tenía que ser… Porque es el mejor color

negro tenía que ser

A lo largo de la historia de nuestra nación los afrodescendientes han sufrido las consecuencias de una cultura plagada de racismo, xenofobia y exclusión social. Esta población ha llevado sobre sus hombros el peso de la esclavitud, que por allá en la época de la colonia era una práctica denigrante pero común y la cual, a pesar del paso de los años, e incluso de los siglos, se siente aún su rezago en algunas actitudes sociales de unos pocos.

“Negro ni el teléfono”, “trabajando como negro” o “este sol es sólo para negros” son frases que se han instalado en las conversaciones cotidianas, que a pesar de que se toman como graciosas al principio, lo que producen es aumentar en el ideario colectivo que lo afro es negativo. Es hora de dejar de utilizar el lenguaje excluyente.

Pero esta exclusión no sólo se ve en la forma como hablamos. En realidad está en todas partes. Como diría Ray Charrupí, de Chao Racismo: “al parecer las negras no menstrúan”, debido a que nunca se ha visto en los comerciales de toallas higiénicas modelos afro promocionando dichos productos. Se nos ha instalado en la mente que la imagen perfecta a la cual debemos aspirar es a la de una persona blanca ojizarca, rubia, rubísima, como si este país tropical fuera la sucursal de Suiza. Se nos ha olvidado que la gran mayoría de nosotros somos producto del mestizaje y que deberíamos sentirnos orgullosos de llevar en nuestra sangre ADN indígena o afro.

Las personas afrodescendientes merecen respeto sí, pero más que eso merecen espacios para poder desarrollarse plenamente. Es imperativo que en cada organización, empresa o entidad se les abran las puertas para que podamos equilibrar por fin la balanza. ¿Cuántos presidentes de multinacionales son afro? ¿Cuántos gerentes de banco son de raza indígena? ¿Cuántos actores negros de series de televisión colombiana han llegado a protagonizar? Al parecer las cifras ni siquiera existen.

Imagínense esta escena: ustedes se encuentran en una bellísima playa de Cartagena. Sol, arena, gente bonita y mucha paz. De repente, se acerca a usted una mujer negra de caderas grandes y sonrisa brillante. Ahora bien, ¿qué se imaginan que lleva ella en su cabeza?… Si respondieron que un platón de frutas, déjennos decirles que en sus mentes habitan los estereotipos. ¿Por qué no pudo ser que la mujer llevaba en su cabeza unas gafas Dolce & Gabbana de 500 dólares? Ahí les dejamos la reflexión.

Es tiempo ya de dejar de catalogarnos por ser esto o aquello. Si somos negros, indios, blancos, amarillos, gordos, altos, flacos o bonitos, no deberían ser los temas a tenerse en consideración a la hora de convivir y trabajar juntos. Todo lo que nos diferencia es lo que nos une, porque en la pluralidad está la riqueza. Una riqueza que empieza desde el individuo y que se puede multiplicar hasta convertirse en algo para todos. La piel es un órgano más y su color sólo nos debería preocupar cuando en él nos salgan manchas o melanomas.

Los afro son más que música y folclor. Son una población que tiene un legado histórico y cultural importantísimo el cual deberíamos aprovechar para difundir y aprender. Tener la piel oscura no es más que portar el símbolo de una raza hermosa, que a pesar del yugo tonto del hombre blanco, y de su afán de exterminio, ha logrado sobrevivir gracias a que es invencible y casi inmortal.

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