Los zombies del siglo XXI: ¡No caiga en la red!

Los zombies del siglo XXI: ¡No caiga en la red!

Ilustración de Darío Bolívar

Ilustración de Darío Bolívar

Todos nos preguntamos a dónde nos llevará el avance tecnológico de las comunicaciones, a lo mejor éste se saldrá de control: algunos viviremos mientras el resto de las personas caminan como zombies sin levantar la mirada de su Phone o BlackBerry. Es difícil no prejuzgar a quienes ni siquiera comprenden la página de un libro a causa de la falta de concentración propia de la virtualidad.

Las redes sociales, como todo avance tecnológico, son necesarias y pueden ser útiles, mover masas, unir corrientes de pensamientos en un ámbito pluralista es importante. Sin embargo, parece que la juventud está cegada e idiotizada: los utilizaron, segmentaron e hicieron parte de un mercado. Cuando hablaba con un amigo escritor al calor de un café, nos concentrábamos en la irracionalidad causada por el uso excesivo de las TIC, las redes sociales y el sinfín de aplicaciones Smartphone. Coincidíamos en varios aspectos: el primero de ellos es el autismo generado por las redes, no es raro ver a personas que parecen entes sin vida, no responden, no saludan, no sienten, pero chatean.

Qué podríamos decir del asesinato infame de la gramática, ahora los jóvenes no coordinan, no saben qué es sintaxis, tienen mala ortografía y el uso excesivo de la letra K los tiene enfermos. Al parecer los textos inteligentes, a medida que pasa el tiempo, muestran las consecuencias de la libertad tecnológica.

Curiosamente hay una muerte de la comunicación: el diálogo se perdió y muchos de los contenidos de la información son basura. Las redes de transmisión y procesamiento de datos en tiempo real, la difusión de información a escala planetaria, dista mucho de la calidad de su utilidad y contribución al desarrollo del mundo.

He pasado una tarde entera viendo escapar mis sueños en una antalla que sólo muestra memes, un filosoraptor y fotografías de gente feliz, que no conozco y que aparenta alegría entre sus almas vacías. Lo bueno es que existen hombres que no pierden la fe en poder abrazar un libro impreso, una buena editorial, una columna de opinión constructiva. Hay quienes saben que un día la falacia de las redes y la raza de micos sin cerebro, disfrazados de humanos, que dependen de un BlackBerry o cualquier aparato semejante, fracasará. Ese día podremos pensar en: vivir en sociedad, tomar un café con un amigo, discutir sobre las consecuencias del capitalismo.

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