No se permiten colombianos

No se permiten colombianos

No se permiten colombianos

La imagen de nuestro país a nivel internacional, a pesar de que ha ido mejorando comparada con la que teníamos en los años 90, aún está lejos de ser considerada óptima. Esta situación hace que quienes contamos con un pasaporte de nacionalidad colombiana seamos objeto de señalamientos y de juzgamientos a priori que no representan – en la mayoría de los casos – ninguna de las características y cualidades con las que contamos.

Situaciones como la de los hinchas del Atlético Nacional en Lima, Santa Fe en Paraguay y Deportivo Cali en Argentina, sólo ayudan a perpetuar esta imagen negativa y sesgada, haciendo casi imposible el darnos a conocer por ser algo más que un cáncer en cada nación a la que emigramos.

Aunque personalmente no he sufrido muchos casos de intolerancia en mis viajes al exterior, sí he contado con un par de experiencias que representan, de alguna forma, el estereotipo y discriminación que recibimos los colombianos en el exterior.

Cuando estaba en República Dominicana, si bien la experiencia fue maravillosa y el trato del personal no pudo ser mejor, un comentario de un recreacionista se quedó conmigo. En el momento en que nos estábamos presentando y diciendo nuestra nacionalidad, al escuchar colombiano respondió de manera inmediata “Pablo Escobar” con lo que incluso los rusos supieron de qué país provenía, todo el resto de mi estancia en este hotel fui conocido como Pablo. No es algo que haya dañado mi viaje en lo absoluto, pero sí me dejó ver que los estereotipos son reales y que vivimos – queramos o no verlo – marcados por varios de ellos.

Recientemente tuve la fortuna de conocer un par de países latinoamericanos, la idea era conocer más de dos pero de nuevo la nacionalidad en mi pasaporte se encargó de limitar mi aventura. En la frontera de Bolivia y Chile viví tal vez la experiencia más cercana a la discriminación de la que podemos ser objeto los colombianos. Desde que llegué todas las personas me hicieron saber que no seriamos bienvenidos en Chile por ser colombianos, las compañías de tour se negaban a llevarnos al vecino país y las compañías de transporte no se hacían responsables por nuestro eventual regreso una vez nos negaran la entrada.

Pero esto no fue nada comparado con la honesta pero fuerte intervención del oficial de migración de Bolivia, me hizo saber cómo los “Colombianitos” no eran bienvenidos en Chile, al menos por la frontera que intentaba cruzar, me dio a conocer que éramos considerados sanguijuelas y que sólo cruzábamos para irnos a trabajar.

Que podía decir al respecto, no era mi caso pero entendía de donde venía el estigma, cada familia cuenta al menos con un conocido que se encuentra trabajando en Chile. Al final y dada la fuerte persuasión del oficial Boliviano decidí no cruzar la frontera a Chile, el riesgo era mucho (Implicaba dormir en el desierto si no me dejaban entrar) y preferí quedarme en el país de Evo.

Todos hemos sido víctimas de estereotipos alguna vez en nuestra vida y es nuestro trabajo intentar cambiar la percepción que muchos tienen de nosotros, ya sea en el exterior o entre las mismas regiones. Por mi parte sé que he hecho lo posible por dejar una buena imagen de mi país, ¿será esto suficiente para acabar con el estigma de toda una nación? No lo sé, pero al menos sé que he cambiado el pensar de un par de personas y por algo se empieza.

 

Autor: John Reyes
Twitter: @alexreyes73
alex reyes

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