No tengo tiempo

No tengo tiempo

Luís Roberto Rivera
Profesor de Ingeniería Electrónica
Invera@clotho.ujavcali.edu.co

tiempo«Hasta que no se de cuenta usted de su propio valor, no valorará su tiempo. Hasta que no le de valor a su tiempo, no hará nada con él. »
M.Scott Peck

Muchas veces escuchamos decir que no es cierto cuando decimos «no tengo tiempo», que cuando argumentamos esta frase para explicar por que no hicimos alguna cosa, lo que en realidad deberíamos decir es «no tengo interés» o bien «esta tarea no es prioritaria para mi». Habría que aceptar que esto es cierto si pudiéramos controlar la cantidad de tiempo disponible y la cantidad de tareas asignadas, adicionalmente a nuestra responsabilidad de administrar dichas tareas en el tiempo.

Uno de los trabajos más importantes del estudiante consiste en la compleja e interesante tarea de administrar el tiempo. Contrario a lo que parece, no es cierto que esto sea algo con lo que nacemos o algo que intuitivamente debemos ser capaces de desarrollar. La administración del tiempo, especialmente en el mundo de hoy, se ha convertido en una habilidad esencial que debe ser aprendida.

¿Cómo se hace? No es, ni puede ser, el objeto de este breve articulo contestar esta pregunta sino más bien generar reflexión alrededor de élla.

Primero tenemos que asegurarnos que no es cierto el significado que corrientemente se le atribuye a la frase «no tengo tiempo», es decir debemos descartar los argumentos de la falta de interés y de la prioridad de las tareas que debemos hacer. Recuerdo haber escuchado un verso de Facundo Cabral que dice más o menos «mi madre nunca tuvo agenda porque sólo hacía lo que amaba, y eso se lo recordaba el corazón»
Nuestra primera obligación como administradores del tiempo consiste en seleccionar las tareas que vamos a hacer de acuerdo con nuestros valores, con las cosas que nos hacen vibrar.

De todas maneras la señora de Cabral debía seleccionar qué tareas hacer primero y qué tareas dejar para mañana, y tal vez alguna vez tuvo que hacer algo antes de una fecha específica. Por esto debemos caer en cuenta que nuestro tiempo es finito y que si seleccionamos muchas de las cosas que amamos para hacer al mismo tiempo seguramente no vamos a poder hacerlas tan bien como nos gustaría
¿Cuáles son las cosas que vamos a elegir para hacer?, ¿cuánto tiempo nos lleva a hacer cada una de esas cosas?. Cada uno es responsable de contestar estas preguntas si quiere hacer las cosas bien, si quiere lograr la excelencia académica y si quiere lograr la excelencia humana. ¿Cuántas materias estoy viendo este semestre?, ¿cuánto tiempo debo dedicar a cada materia fuera del salón de clase?, ¿cuantas actividades extra académicas quiero realizar este semestre?, ¿tengo tiempo para mi familia?, ¿tengo tiempo para mi novio (novia)?, ¿tengo tiempo para mis amigos?. Las respuestas sólo las puede encontrar cada uno, nadie puede contestar por nosotros.

Aquí hay un llamado también a la reflexión para todos aquellos que tenemos responsabilidad en el diseño de los planes de estudio de la universidad y para todos los que asignamos trabajos y tareas en las distintas asignaturas que toman los estudiantes. ¿Permitimos que los estudiantes se formen con la excelencia académica y con la excelencia humana que queremos?

Para terminar quisiera citar a Anthony de Mello en su libro La Oración de la Rana 2:
Había un verdadero gentío en la sala de espera del médico. Un caballero de bastante edad
Se levantó y se dirigió a la recepcionista. «Señorita», dijo con suma cortesía, «yo tenía cita para las diez en punto, y ya son casi las once. No puedo seguir esperando. ¿Tendría usted la amabilidad de darme cita para otro día?»

Una mujer que estaba también aguardando inclinó hacia la que se encontraba sentada a su lado y le dijo: «seguro que tiene más de ochenta años… ¿Qué será eso tan urgente que tiene que hacer y que no puede esperar?»

El anciano, que acertó a oír el comentario de la dama, se volvió hacia ella, le hizo una cortés reverencia y le dijo: «tengo exactamente 87 años, señora. Y esa es precisamente la razón por la que no puedo permitirme desperdiciar un solo minuto del precioso tiempo que aún me queda.»

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