No todo se vale en la guerra de Likes

No todo se vale en la guerra de Likes

no todo vale en la guerra de likes

La inmediatez y la carencia de contenido han convertido a la sociedad en un completo mundo de superfluidades, demasías y comunicaciones insignificantes, carentes de sentido común y cualquier asomo de inteligencia ¿acaso un cambio de era acabó lo importante? ¿La sombra de una sociedad erudita, pensante y constructivista se quedó en gratos recuerdos? Las nuevas generaciones, aunadas por el auge de las redes sociales y su facilidad para poner en la órbita pública a cualquier persona que logre viralizar un mensaje nos ha entregado gratos momentos y a su vez, esperpentos públicos que demuestran la ordinariez de algunos vanidosos y valientes personajes. Recuerden a Peter la Anguila. Bailen, bailen, con su estilo se volvió famoso.

En Colombia lo ordinarios no nos quita lo felices, y lo populares no nos quita lo triviales. Entrando en materia, reflexionemos, por ejemplo, la gran marca de los colombianos y por la que somos reconocidos en el mundo: la violencia. Fue gracias a ella, que se construyó un mercado de producciones que enmarcan su esencia: es lo de mostrar, ¿cierto? ¿Qué ordinario puede ser mostrarle al mundo nuestra propia miseria y enorgullecernos de eso? Vaya sinsentido. ¿Seremos violentos? De ahí la popularidad de los videos que se suben a diario en redes sobre peleas callejeras. Ese es el punto máximo de la cultura colombiana: dar piedra, cuchillo y bala, o lo peor: mostrar las peleas entre familias de barrios populares. Eso sí que es ordinario, pero vende, en las contiendas vuelan sillas, tablas, mesas, botellas de cerveza, el perro, todo. El verdadero coliseo romano, sangre, sangre por doquier. ¡Ay Colombia tierra querida!

¿Y populares? El ánimo por figurar, tan peligroso, que le ha permitido encontrar un célebre escenario a los narcisos para mostrar su “talento” y alimentar el ego a través de los me gusta, las redes sociales le han dado voz a una legión de imbéciles, como dijo una vez el gran Umberto Eco. Aunque no hay que darles tan fuerte, por el contrario, su esfuerzo tiene un gran valor cómico, lo YouTubers colombianos han entregado unas perlas estupendas a sus seguidores, tan ordinarios que obtienen su fama hablando como retrasados mentales: “¡Holaaaaaaaa Amigooooooos!”, “¡familiaaaaa!, ¿cómo están?”. O la nueva moda declarando su sexualidad ante la cámara, eso es infalible, dispara los consumidores virtuales. Eso realmente es nuestro mercado en la actualidad, de lo ordinario hacer dinero. Lo grave es su crecimiento exponencial.

¿Qué será de nosotros, si ni siquiera una feria del libro la podemos disfrutar ya en paz?, la insensatez nos ha permeado en todo lugar, todos quieren ser populares, todos tan sinsentido y ordinarios. Lo importante es que las nuevas generaciones son nuestra salvación, el presente y el futuro de este país está en sus manos. ¿Tendremos la esperanza de ser un país educado? ¿Serán los jóvenes de nuestra era una legión de imbéciles? ¿Qué serán a los 40 nuestros YouTubers? ¿Podrán cambiar nuestros genes ordinarios quienes son ordinarios por naturaleza? Madre mía, habrá que preguntar en Facebook al respecto.

 

Autor: Luis Gabriel Rodríguez de la Rosa
luis gabriel

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