Nuestro himno: El hermano solapado de la constitución

Nuestro himno: El hermano solapado de la constitución

nuestro himno

No es nada disparatada y mucho menos novedosa la convocatoria realizada por J. Walter Thompson y Sístole Colombia en la que se invita a la sociedad colombiana a pensar en una estrofa adicional para nuestro himno alrededor del tema de la paz. Esta situación ya la vivimos hace 130 años con nuestro actual himno, con la diferencia de que en aquellas ocasiones la cosa parecía ser más seria. Sin duda, todos estos han sido momentos históricos cargados de nuevas oportunidades para que los colombianos nos atrevamos a repensar lo que somos y lo que queremos ser.

El himno de Colombia fue escrito alrededor de 1850 a propósito de la celebración de la independencia de Cartagena, por un poeta costeño de 25 años quien no escribió precisamente un vallenato. El joven Rafael Wenceslao Núñez, burgués liberal, hijo de una destacada familia cartagenera, escribió un poema titulado “Himno Patriótico”, en el cual, pese a que consagró símbolos católicos como la cruz y la virgen, también resalto valores republicanos como los derechos del hombre y del ciudadano, y “el gran principio: `El rey no es soberano”. El propósito del poema nunca fue ser himno, así como tampoco fue propósito inicial del poeta llegar a ser presidente de la república.

Treinta años después, el poeta hecho presidente de Colombia, muy a pesar de su origen político liberal, defendió el centralismo como sistema de organización del Estado que permitiría superar la crisis económica fruto del federalismo promulgado por el padre de la independencia e instaurado en la Constitución de Rio Negro en 1863, de la que el mismo Núñez fue constituyente.

En la búsqueda de una identidad nacional que lograra unir a los colombianos alrededor del poder central, el Estado y no una empresa privada, convocó a un concurso a través del decreto 256 del 12 de abril de 1881 para elegir el que sería el himno nacional. El resultado no llenó las expectativas de los jurados, entre los cuales se encontraba Rafael Pombo.

Nuevamente en 1883, no fue Muiscas S.A.S. quién organizó otro concurso para seleccionar el himno nacional, sino el Estado Soberano de Cundinamarca, el cual realizó la convocatoria con ocasión al centenario del nacimiento del libertador Simón Bolívar. El resultado tampoco satisfizo las expectativas.

Tras los precipitados hechos políticos que desembocaron en guerra civil, el Presidente de Colombia, Rafael Núñez, convocó a una nueva Asamblea Nacional Constituyente en 1885 de la cual se originó la Constitución de 1886. Con nueva constitución y nuevo sistema de organización estatal, la cereza del pastel para los ganadores de la guerra fue el nuevo himno nacional de la república de Colombia, casualmente escrito por el presidente de turno y cuya música fue compuesta por el italiano Oreste Sindici porque no había en todo el territorio nacional un colombiano que supiera componer música. Por pura arbitrariedad más que por falta de talento, fue que el 6 de diciembre de 1887 la alta sociedad colombiana escuchó por vez primera un “oh gloria inmarcesible, oh jubilo inmortal”.

Nuestro himno es, sin temor a equivocarme, el hermano solapado y supérstite de la obsoleta Constitución de 1886, que fue reemplazada por la Constitución de 1991 y que hoy después de 25 años de vigencia no tiene un himno que la respalde. Es por esta razón que frases del himno nacional como “la virgen sus cabellos arranca”, “termópilas brotando”, o “deber antes que vida”, carecen de sentido ante nuevas generaciones que no creemos en la virgen, no tenemos ni idea como brota una termópila, y crecimos entendiendo que primero hay que vivir para cumplir con el deber porque el muerto al hoyo y el vivo al baile.

En definitiva, celebro que, ya que el Estado no pudo, al menos dos empresas privadas con ánimo de lucro lograron poner las miradas de los colombianos sobre un símbolo patrio que ya no representa más que las nostalgias de nuestros abuelos y los caprichos de un poeta que fue 4 veces presidente de Colombia. Lamento profundamente que la actual convocatoria sólo sea para una última estrofa y que además se limite al tema de la paz, pero sobretodo lamento que sea sólo un ejercicio pedagógico y que no tenga efectos reales, porque ésta sería una oportunidad maravillosa para que como país nos impusiéramos la tarea de volver a escribir todo nuestro himno, corriendo con el riesgo de que Santos resultare poeta.

 

Autor: Cristhian Yarce
Twitter: @CristhianYarce
Cristhian Yarce

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