¡Oh gloria inmamable!

¡Oh gloria inmamable!

oh gloria inmamable

 

 

ESE PATRIOTISMO CHIMBO QUE NOS CARACTERIZA

 

Si algo me ha parecido patético desde que tengo uso de razón, es el patriotismo sobreactuado. Ese patriotismo chimbo que aflora cuando los colombianos están fuera del país y se les cae la lágrima al escuchar el Himno Nacional. Aquella devoción tan pendeja que aparece cuando en un partido de fútbol golean a la Selección y lo primero que hacen es salir a despotricar del país competidor (como si el de nosotros estuviera en la cúspide del primer mundo): que Venezuela no tiene papel higiénico o que los brasileros compraron al árbitro. De igual manera cuando ganamos, más de uno llora y hace un drama novelesco que haría sentir apabullada a la misma Maria Cecilia Orozco. No pueden ver a un extranjero mal parqueado porque llegan a hablarle de las empanadas, a llevarlo a montar en chiva, o concluyen haciendo un video patético y ridículo tipo: “Diga ‘Hola gonorrea’”.

Nuestro patriotismo se regionaliza cuando un individuo de otra ciudad, habla de la nuestra, y para muestra de un botón el viejo derroche de veneno que apareció por allá en 2009 (si no estoy mal) cuando un grupo de niñas comenzaron a burlarse de las paisas, las rolas, las caleñas, las costeñas, entre otras.

Pero lo curioso es que nos indigna lo que es cierto, nos saca de casillas la mala imagen que nosotros mismos hemos vendido y que no tenemos de gratis, sino porque es verdad.
Nos indigna que nos llamen “plaga” cuando tenemos invadido Antofagasta (principalmente por caleños y bonaverenses) cuando hemos visto cómo llegaron a construir cambuches en cualquier terreno baldío que encontraron y en las zonas habitables, noche y día consiguen alterar el orden con sus escándalos hasta la madrugada (patrocinados por la Salsa Choke), cuando en Chile y Argentina (principalmente porque la problemática se extiende a muchos países) tienen azotado al ciudadano de a pie los dichosos gota a gota, que se aprovechan de la necesidad ajena para sacarle a la gente de menos recursos cualquier peso que consiguen por medio de negocios informales y de bajo recaudo.

Queremos que no nos vean como muertos de hambre pero los hinchas del Cali consiguieron hacernos quedar como un zapato mendigándole monedas a los fanáticos del Racing en Palma Seca y la policía no se inmuta, sólo se quedan mirando al horizonte suponiendo que no se enteraron de lo sucedido.

Queremos que nos despeguen esa etiqueta de drogadictos y traficantes, que nos quiten la visa para ir a otros países, y que nos dejen de meter hasta las manos en el culo en busca de droga cuando vamos a viajar, pero en China la mayoría de condenados por tráfico de estupefacientes son colombianos.

Nos arrancamos los pelos cuando la diputada panameña Zulay Rodríguez llamó “escoria” a los colombianos que tienen azotado a ese país, vuelve y juega, con los gota a gota, las bacrim y demás, y aunque sí, sus palabras fueron fuertes, no pretendamos que cualquier persona, político o no, se quede de brazos cruzados al ver cómo inmigrantes llegan a convertirse en una problemática que amenaza con la vida de sus compatriotas.tristerealidad

Y así, poco a poco, vamos viendo cómo el nombre del país va quedando por el piso, no sólo en Sudamérica, sino en Norteamérica, Asia, Europa y Oceanía, sí señores, en todo el mundo la estamos cagando, sólo falta que aparezcan colombianos en ISIS y quedamos lindos.

Entonces ustedes se preguntarán ¿y este man a dónde quiere llegar con esto? Sencillo: a que el día de hoy vi un video en el que un boliviano imitaba (muy mal, todo hay que decirlo) a un colombiano prestamista que había llegado a su tierra.

Muchas personas ya pusieron el grito en el cielo, y estoy seguro de que los insultos no se han hecho esperar, insultos que deben comenzar con: “Bolivianos, indios que ni mar tienen” porque sí, aparte de toches somos orangutanes predecibles.

Esto me recuerda al caso de la humorista chilena que imitó a una paisa, y nuestros compatriotas, con toda la pulcritud y el abolengo que los caracteriza, atiburraron los comentarios en YouTube y Facebook con: “Respétenos, que los colombianos somos decentes, PERRA HIJUEPUTA, QUE MÁS PREPAGO SERÁ SU MADRE” Y eso es poco, porque cabe aclarar que la comediante pidió un poco más de tolerancia ya que la habían amenazado a ella y a su familia con matarlos y quemarle la cara con ácido, ¡Oh gloria inmarcesible!…

Entonces, leyendo todo esto, ¿de verdad creen que la mala fama que tenemos es de puro ‘care pan dulce’?

Por favor señores, compostura, criterio y lógica. Acá los “jodidos” no son los venezolanos que no tienen papel higiénico ni harina, no: los jodidos somos nosotros que cuando nos meten un gol salimos a sacárselos en cara como si no tuvieran bastante sufrimiento con la escoria de presidente que tienen. Los indios, “cholos”, inmundos no son los bolivianos o los peruanos, no: somos nosotros que nos partimos de risa burlándonos de los demás, pero cuando nos tocan la tierrita, nos regamos en madrazos y amenazas de muerte. Acá los brutos no son los argentinos que reeligieron a Cristina Fernández (aunque ya pasó su periodo, y me alegro por ellos) no: los brutos somos nosotros que los criticamos, pero hicimos lo mismo con Santos y ahora tenemos que ver cómo poquito a poco nos venden el país y no podemos hacer mucho porque el poder que tienen los políticos para atropellarnos es el mismo poder que nosotros les dimos.

Señores, acá los ignorantes somos los colombianos, que ante algo tan banal e irrelevante como un reinado de belleza, salimos a insultar al presentador, a amenazarlo de muerte y decirle “NEGRO HIJUEPUTA” como si acá todos fueran muy claritos, tras de racistas, pendejos y conchudos.

 

Autor: Yamil Chuaire
yamil chuaire

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