Otro día gris…

Otro día gris…

No exactamente por el clima.

¿Enferma, encartada, con mil ocupaciones, gente, gente, gente, empujones y pisotones en mi amado sistema de transporte público y para completar se me empieza a despintar una uña recién arreglada?

Sí, se que tal vez el orden se modifique y hasta los ítems cambien de persona a persona, pero también sé que no soy la única que tiene este tipo de días… grises que llaman.

Si nos vamos a la teoría del poder de la atracción, en el momento en que sucedió el primer evento desafortunado, fue mi culpa al pensar que este era malo, que se desencadenara uno tras otro.  Sin embargo, otros (muchos los llamarían amigos) dicen que cuando me enfermo me pongo de mal genio, esa creo yo, sería la mejor explicación para cada uno de los acontecimientos.

Muchos se ponen consentidos, otros prefieren quedarse bajo las cobijas, pero mi mamá me enseñó que enferma y todo debo cumplir con mis obligaciones, así que a enfermar a todo el mundo con mi “gripita pasajera”.

Pero claro, un buen día gris no puede tener solo una gripita o en mi caso el efecto secundario que es el mal genio, ese es solo el inicio de lo que con cada segundo empeora; justo ese día que debes llegar temprano, hay trancón, te varaste, no te atienden en la impresora o cosas por el estilo y cuando llegas ¡Quiz sorpresa! En el que sacas 1.0 evidentemente por que la enfermedad no te deja pensar sino en cómo desearías una aguapanelita caliente mientras ves tú programa favorito.

Pero no, ahí apenas son las 10 de la mañana; llegan las 12, el almuerzo no te sabe a nada y todos son felices alrededor mientras tu cuentas los minutos y segundos para que se acabe el día, de pronto al siguiente aparezca ese arcoíris o al menos solecito que en nuestra rutina pierde sentido y solo es impresionante si el anterior fue un día oscuro.

Quizá soy algo exagerada, (aunque es basado en una historia real) pero al final, cuando la esperanza se ve tan lejana descubres que siempre hay alguien de quien reír… perdón, con quien reír, alguien que a pesar del malgenio aguanta sarcasmos, aunque se burle de la nariz roja, los ojos llorosos y del típico “Ay, ¿estás llorando? – No, ejtoy enfedma

En mi caso tras correr, sufrir y casi llorar por ese fatídico día, increíblemente se me ampliaron las horas, tal vez dios se apiado de mi, pero no pregunten cómo, sobreviví al MIO, terminé trabajos y me curé…. ¡ah! Y me arreglé “la uña”.

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