Papá… Soy gay

Papá… Soy gay

Hand of a child opening a cupboard door

 

“… cuando un día: “Papá, soy gay”. ¿Qué? Casi ni has oído esa palabra en tu vida…”

Sociedad es un concepto acaparador. Envuelve cuanto elemento se posa sobre ella, omitiendo la variedad de la que se forma y en la que vive, de la que está hecho este planeta.

El contraste y la variedad que habitamos es lo que nos da un mundo para explorar y nos llena de aprendizajes. En pocas palabras: nos forma una vida; una realidad de la que, después, tenemos la ilusión de adueñarnos e incluso desarrollamos tal sentido de pertenencia, que llegamos a pensar que su rumbo y variaciones dependen, única y exclusivamente, de nuestro criterio; mientras ella, disimulada, se canaliza por las marcas tajantes que le impone la sociedad.

La homosexualidad es un grito a los parámetros de la sociedad, a que por dentro nos palpita un órgano y que más allá de nuestra razón, muchas veces se impone su latido. Nos muestra, en primera fila, que la sociedad tiene sentimientos, que intangibles la reinan. Puede que esta sea dueña de nuestros días y de lo que vemos y oímos; pero, por dentro, somos nuestros dueños y señores. ¡Qué aburrida sería una sociedad totalmente uniforme o una vida así!

El amor tiene derecho a disfrazarse y las exóticas formas que toma son directamente proporcionales a su fuerza. No deberíamos reprimir al corazón con lo que la sociedad rige, sin fundamentos. Pero, somos débiles y ella tiene una inercia tan fuerte…

Nuestra alma nace libre y la sociedad la amarra y amordaza cada día y nos hace, por ratos; olvidar que nunca encontraremos tanta felicidad, como cuando vivamos en función de la dictadura, pero la de nuestro corazón.
Tal vez, si la sociedad no fuera tan tajante o no tuviera sus absurdas leyes así de arraigadas, si todos camináramos por la calle con el corazón verdaderamente abierto al amor; lo encontraríamos más fácil y seguramente, en la persona menos pensada (incluso de nuestro mismo sexo); que, al mismo tiempo, puede ser la más acertada o quizá seguiría siendo ese mismo ser del sexo opuesto que es nuestra pareja en la vida real porque el amor puede ser así de exacto.

Entonces, no solo cambiarían los paisajes ¿Qué pasaría si un grupo de hombres y mujeres nacieran y fueran encerrados desde el nacimiento en un mundo estilo “The Truman Show”; pero, sin  rastros de esta sociedad y sus parámetros? ¿Sería su naturaleza ser heterosexuales o tal vez, por buscar un alma gemela genuina, serían gay o bisexuales?

Tal vez la humanidad ya no está viviendo su esencia, por seguir la de la sociedad. ¿Dónde quedaron los tiempos de Sócrates, Aristóteles y todos esos pensadores? ¿Por qué se habla tanto de ellos y de igual forma, se censuran tantas cosas? ¿Por qué nunca se toca el tema de su sexualidad?

¡Pobres aquellos que osaran ser homosexuales en otros tiempos! Si todavía es difícil para muchos porque siguen siendo parte de la jerga callejera palabras como desviación, aberración, anormal, loca, arepera, tortillera etc. y contra las lenguas viperinas es bastante complejo luchar. La única arma efectiva (como para todo) es el tiempo y los años.

¿Y nuestra familia qué? El vivo reflejo (¡y base!) de la sociedad, comprimido en una casa.

Un día, tu esposa está embarazada; te llenas de sueños e ilusiones a toda velocidad, como una máquina. Otro día, nace tu hijo y experimentas el mayor amor posible, diferente al que has podido sentir por tu esposa o por tus padres.

Es tu hijo, tu sangre. De repente, como por arte de magia, nacen con él mil razones más para vivir, para levantarte en las mañanas, para dejar la mayoría de tu esencia en él. La vida da un vuelco y toma otro sentido; por el cual después te estas matando de sol a sol y mientras lo ves irse, cada mañana, sonriente y uniformado al colegio; en tu cabeza sientes que con tu hijo se van todas tus ilusiones y sueños.

Cuando, un día: “papá, soy gay” ¿Qué? Casi ni has oído esa palabra en tu vida. Lo más absurdo de la tierra está frente a ti y es TU HIJO.

¿Cómo va a ser? ¿En qué momento dejaste de saber todo acerca de él? Lo desconoces. No puede estar diciendo eso. No pueden tener ese significado sus palabras. Automáticamente, empiezas a hacerte explicaciones y a buscar “culpables”. Pero ¿sabes qué? No los hay ¡Ah! Bueno, sólo uno: el destino. Ya es tu decisión pasar toda tu vida culpándolo, a él no le importa.

Estás en una encrucijada. Evocas pensamientos a toda velocidad, como una máquina otra vez y en legítima defensa de todo, tu infinito amor por él, que te ha hecho hacer cosas posibles e imposibles. Pues, este será el mayor de tus desafíos: aceptar lo más imposible y descabellado. Todavía se te está quemando el pecho y es una sensación que te acompañará, tal vez, mucho tiempo. Has de estar pálido. No sientes las extremidades y tu corazón está a mil por la sorpresa y porque lo amas. Para tu amor, no hay sociedad que lo limite. Por fin, exhalas y sales de ti.

A tu lado, tu esposa llora, pero la conoces… No es la expresión que ya has visto, ella no está sorprendida, ya lo sabía. Las madres son buenas para ese tipo de cosas. Él se lo contó o siempre lo sospechó en silencio, como tú.

Él te mira con los ojos aguados y total expresión de angustia y expectativa. Es el mismo. Es tu hijo, el de siempre, el que cargaste en tus brazos al nacer, el que arrullaste tantas noches, al que viste gatear, dar sus primeros pasos, decir “mamá” por primera vez; sólo que esta vez es gay y lo es para siempre ¿Por qué es tan difícil aceptarlo?

De este segundo en adelante, las historias varían en una diversidad absurda. ¿Qué es lo aterrador? ¿Por qué no puede ser algo como “papá, soy vegetariano”? ¿Hasta qué punto de insensibilidad nos moldea, caprichosamente, esta sociedad; que insulta diciendo “que te salga un hijo gay”?

Insultémosla también. Nos ha hecho tener percepciones erróneas, desviadas y tergiversadas hacia el prójimo. Culpémosla porque ella también se equivoca y ¡bastante que lo hace!

¿Por qué no va a estar bien ser gay? ¿Por qué no puede ser recibido de la misma forma natural en que es sentido? Y si es natural, es puro, seres humanos que también conocen el amor y ¿quién va a juzgar al amor?

Que se ven tantas y tantas cosas, es verdad. Pero ¿en dónde no? A caso usted, respetable heterosexual, ¿no conoce el significado de “promiscuidad”, “enfermedad venérea” o “VIH”? Esos son pecados globales, mundiales. Son karma de la humanidad entera, no solo de una población.

No nos achaquemos todo, no lo merecemos. Estamos en igualdad de condiciones. ¿Qué tiene de malo que haya un gay en su casa? Personas malvadas de verdad hay por doquier y se camuflan. Está bien. Sus amigos, hermanos, primos, todos lo sabrán y podrán creerse en lugar para juzgar; cuando, en realidad, los únicos que estarán siendo evaluados serán ellos y su calidad de personas, porque en esta galaxia, el único con derecho a juzgar es Dios ¿por qué se igualan a Él?

Tú, siéntete orgulloso de tener un hijo gay porque es una virtud y es alguien seguramente único y original (como todo el mundo), no sólo en su forma de vestir y de peinarse, quiero decir en todo: en su percepción del mundo, sus pareceres y sentimientos ¿no te gusta la diversidad? ¿Prefieres un mundo en el que todo sea uniforma y paralelo?

Siéntate un rato a hablar con él, descubre el valioso mundo que hay en su pecho y siente que sí es sangre de tu sangre, como el día que nació porque aquí; “entre nos”, este no es un mundo ideal para ser gay y tu hijo ha de tener cicatrices sanadas de la forma más dolorosa: en silencio, las cuales seguramente lo han marcado y al igual que a muchos de sus “colegas”, lo han vuelto mejor persona, una de verdad, con desafíos superados (o peor, tal vez no) y con un una vida real, luchada.

Manda esa maldita negación sin sentido a donde sabemos. ¡Despierta! Pasa la etapa.

 

Escrito por Lorena Arana  @AranitaArepita

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