Parce ¡Renuncie!

Parce ¡Renuncie!

parce reuncie

El ser humano por naturaleza  es inconforme, siempre queremos más de lo que tenemos, aspiramos a lograr más cosas, a tener más dinero, una mejor vida, mejor salud, etc.

Nuestra situación laboral no es una excepción, siempre queremos mejores beneficios y estamos en constante búsqueda de algo mejor o más acorde a “nuestras capacidades”, cualesquiera que estas sean, es por esto que las reuniones de amigos egresados de la universidad siempre terminan en discusiones sobre nuestros trabajos, nuestra inconformidad, nuestra felicidad o simplemente consejos continuos de cómo mejorar.

Estas conversaciones estarían bien si no nos encontráramos siempre con ese amigo que no para de hablar de su decepcionante vida laboral, del ogro que tiene por jefe, de sus compañeros de trabajo que son unos chismosos y su salario el cual escasamente le alcanza para vivir como refugiado de guerra. Este amigo tiene su función en el grupo, y es predominantemente hacernos sentir agradecidos por el trabajo que tenemos, ya que así pague mal o no seamos valorados en éste, nunca será peor que su situación y siempre estaremos al otro lado de la moneda. Tenga en cuenta que si no identifica al inconforme del grupo  es posible que usted lo sea y que sus amigos ya no se aguanten un minuto más a su lado.

Pero a pesar de que cumple su función, es desgastante tener que sentarse a escuchar las historias de sufrimiento, maltrato y subvaloración continua que experimenta nuestra “pobre viejecita”,  así que si usted atraviesa por la misma situación, a continuación le doy unas opciones sobre cómo afrontar este problema:

  1. Dígale que su trabajo es peor, por cada historia que le cuente, diga una peor, vénzalo en su propio juego y de una vez se desahoga de sus demonios laborales.
  2. En un tono ni muy gritado ni muy pasivo (Tomar como ejemplo la voz de Jota Mario Valencia) dígale que se ponga los pantalones, pregúntele donde tiene los testículos (Posible reemplazo “Ovarios”, según el caso) que es momento de hacer algo o cortar con la quejadera.
  3. Crearle un perfil en una página de empleo y empezar a enviar aplicaciones a ofertas de trabajo con el fin de empujarlo hacia la decisión correcta.

Ahí lo tienen, si después de estas acciones correctivas aún siguen escuchando la misma quejadera, lo mejor es que de un grito –Esta vez bien sonoro (Imagínese a Shakira cantando cualquier canción)- dígale “Parce ¡Renuncie!” y prosiga a fijar su atención a alguien más en la habitación.

Esto de seguro solucionará el problema.

 

Escrito por Jhon Alexander Reyes  @alexreyes73

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