Paredes con oídos y Wi-Fi

Paredes con oídos y Wi-Fi

paredes con oídos y wifi

Hay momentos del pasado que nunca olvidamos. En mi caso tengo varios ejemplos puntuales de cosas que alguna vez pasaron, se me quedaron grabadas en forma de micro-clips en la cabeza y que cada tanto vuelven a mí. El problema es que hay algo que me molesta enormemente de esos recuerdos, y es que la mayoría no tienen relevancia alguna.

Por ejemplo, recuerdo perfectamente que el día que me celebraron mis 4 años estaba corriendo en el patio del colegio y me caí, y que cuando me fui a parar me di cuenta que se me había salido un zapato, ¿alguna importancia en ocupar mi memoria, que cada día es más limitada, con ese tipo de información inservible? Y como ese tengo muchos ejemplos más.

Voy ahora a mis 10 años cuando la mamá de un par de amiguitos una vez me dijo: “Jovencito, usted creerá que no, pero siempre hay alguien que ve lo que usted está haciendo…” Ese es otro de esos clips que espontáneamente, y sin razón alguna, se me pasan a veces por la mente, pero éste tiene un componente particular, y es que tal vez en 1.996 las palabras de esa señora le podían sonar a uno a puro sermón de bruja amargada, pero estando a mediados de la segunda década del siglo XXI esas palabras tienen tanto sentido que deberían estar incluidas en una nueva estrofa del himno nacional o en un pie de página del padre nuestro. Si cree que estoy exagerando por qué no repasamos el caso de la paisita aquella que le zampó un cabezazo a un policía, o el del care-avispado ese que alegaba ser pariente del ex-presidente Cesar Gaviria para que no lo arrestaran por alebrestado y borracho, o el de cualquiera de esos desafortunados que han sido llevados al paredón mediático por culpa de sus errores y el infortunio de que existan el internet y los celulares con cámara.

El flujo que hoy en día tiene la información gracias a las posibilidades que ofrece la tecnología parece haber avanzado más rápido que nuestra misma conciencia sobre ello; por eso es que periódicamente vemos cómo inadvertidos ciudadanos caen al centro de ese coliseo romano donde los despellejará la burla, el rechazo y hasta la indignación del público.

Si tan sólo ellos hubieran crecido conmigo para que la bruja mamá de mis amiguitos los marcara con su frase terrorista. Si tan sólo hubieran sido más precavidos (o menos de malas) como todos los que han (y hemos) arreglado esos inconvenientes con la ayuda de Jorge Isaacs y Julio Garavito…

Y es que estrellarse contra esos 15 minutos de fama es una ruleta en la que todos, toditos mis queridos morrongos participamos a diario; eso es como el embarazo no deseado: uno cree que no le va a tocar, pero si se descuida, lleve por pendejo, ¿y se lo merecen? ¡Pues claro! Que el tigre se los saboree en frente de todos, que los descuartice y nos salpique de culpa a ver si aprendemos que dárnoslas de pillo no paga.

Una sociedad con los ojos abiertos, con el poder de generar información a alta velocidad, con las herramientas para poner la balanza de su lado, tiene que imponer el orden a punta de evidenciar las fallas que halan nuestro desarrollo para atrás; como quien dice, acá lo que hay que hacer es boletear duro al torcido que quiera ganárselas todas a punta de tumbar a los demás.

La paisa, Gaviria, Merlano y hasta doña Gloria (la boquisucia del MetroCable) llevaran la cruz donde arrastran el bochornoso sacrificio de servir como espejo de este pueblo. Ese viacrucis incluye varios elementos de vergüenza pública, rechazo familiar y hasta pérdida del trabajo. La buena noticia para ellos es que entre más rápido se caminen esas 14 paradas, más rápido los clavan y se olvidan de ellos. Esa es la ventaja de vivir en un momento de la historia en el que la gente ya no se acuerda de pendejadas que pasaron hace años, sino que tuvieron que reprogramar su cerebro para estrechar ese filtro por el que pasa la información que reciben; hay mucha basura en circulación como para retener lo que no sirve.

 

Escrito por Felipe Guevara   @felipe_guevara

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