Patriotismo Ficticio

Patriotismo Ficticio

patriotismo

Fotografía: Luis Gaviria – Modelo: Salomé Fajardo

#YoSoyColombia

 

Soy una espectadora pasiva ante las atrocidades que están sucediendo en el mundo. No puedo simpatizar con alguna causa “bélica”, llamése Francia, Siria, Estado Islámico, etc. Porque todas toman las armas por diálogo y no simpatizo con el pensamiento de guerra en el que se están desbocando los últimos acontecimientos de “importancia mundial”. No colindo con la tendencia de dividir el conflicto entre buenos y malos.

Sin embargo, más allá de decir #JeNeSuisPasFrance, es el hecho de reconocer que en nuestra amada Colombia sobrellevamos una guerra de más de 50 años por la cual no decimos #JeSuisColombia y nunca dijimos #JeSuis El Aro, El Saladito, Mapiripán, Macayepo o Trujillo, entre algunos ejemplos de masacres perversas, crueles e inhumanas que se llevaron a cabo en nuestro territorio; sin contar los homicidios diarios, la delincuencia común y otros derechos fundamentales violentados como el derecho a la salud, a la vivienda, a la educación y a la dignidad por parte de las mismas entidades gubernamentales.

No es falta de dolor por el prójimo. Cada que leo una noticia sobre cómo se aniquilan los unos a los otros, se me retuerce la panza de la decepción que siento hacia el ser humano. Y en nuestro caso, los colombianos somos patriotas carentes de patriotismo. Naturalizamos la violencia propia y despreciamos la ajena. Nos acostumbramos a vivir con miedo, a coartar nuestra libertad de expresión e incluso física. Nos acostumbramos a resolver los problemas cuando ya han llegado al final de sus consecuencias, algunas irreversibles, en vez de velar por la prevención de los mismos. Deberíamos sentir vergüenza.

Nos vengamos con una solidaridad chimba sólo por figurar en las redes sociales; poner de perfil una bandera en transparencia cuando no entendemos ni hemos vivido la mitad del conflicto entre Francia, Israel, Siria, el Estado Islámico —y otros actores que al final meterán la cucharada por intereses que van más allá de la solidaridad y la paz, para revertirse en la esencia del desprestigio humano: el poder, la ambición y la posesividad—, refleja la idiotez humana. A menos que piensen donar, irse de voluntarios o incluso luchar en el combate directo; orar a la distancia y acumular likes será tan relevante como su contribución a la paz y la restauración del tejido social de Colombia, que con excepción de algunos casos, es nula.

Alabo la globalización y el acceso a la información, pero creo firmemente que el ejemplo se da en casa y que si no somos capaces de, como nación, trabajar por lo nuestro y generar un cambio a nivel interno, mucho menos tendremos incidencia en este conflicto. Seamos igual de activos para denunciar nuestros problemas y trabajar por ellos. Empecemos si quiera con abandonar el deseo de irnos de Colombia porque no hay oportunidades y trabajar por construirlas, instituirlas y fortalecerlas. Yo creo en mi país, en su potencial y en su gente. Unámonos en contra de lo que nos limita e impulsemos nuestro propio desarrollo. Me compadezco por todos los países que están en conflicto e incluyo el mío, pero vivo en Colombia, crecí, me crié, estudié, me gradúe, trabajé y trabajo en Colombia. Por lo tanto, a invitación es a menos #JeSuis_____ y más #YoSoyColombia.

 

Autor: Laura Ballesteros
Twitter: @LauraMarcela_B

laura ballesteros

Comments

comments