Periodismo y YouTube: Cuando el orgullo no deja ver lo evidente

Periodismo y YouTube: Cuando el orgullo no deja ver lo evidente

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El periodismo no va a morir nunca. La labor de comunicar algo existirá siempre mutando, evolucionando, regresando a las raíces o como sea. Siempre habrá una noticia, un inconforme y un problema que afecte a muchos.

Es curioso cómo la evolución en general de todo en la sociedad se cuestiona más por desconocimiento al tema que por un comentario objetivo o una crítica objetiva.  Aquella red social, muy señalada últimamente en Colombia por llevar cantidades de jóvenes a la feria del libro en Bogotá, (y esto para los escépticos), seguramente puede ser la solución más acertada al problema número uno que tiene un medio y un periodista: financiación.

Hablando claramente con o sin cifras, ser periodista de México a la Argentina, es una labor que requiere más de fe que de la consecuencia del mercado y de una dinámica social que realmente le retribuya justamente a una persona, para que haga un trabajo que necesita salir de la cabeza y no del estómago. Curiosamente Germán, Yuya, Werevertumorro o algo más local PaisaVlogs, Juan Pablo Jaramillo o Sebastián Villalobos entre muchos otros, hacen lo que el periodismo colombiano debió ver hace rato si realmente apelaran al espíritu sabueso de buscar las tendencias, lo que representan, la información y el contexto claro que requiere un comunicador. Mejor dicho, el elefante blanco con alas pasó delante de todos y nadie ni siquiera se tomó el tiempo de mirarlo, hasta que lo vieron volando en las redes sociales.

Estos, (los YouTubers) grabando desde sus casas, empezaron a crear contenido (como lo hace un periodista) tienen la intención que los vean o escuchen (como un periodista) y planean tener un rédito económico para seguir su labor (como un periodista). La diferencia es que los medios tradicionales implantaron el chip para mandar a hacer todo eso como parte de una práctica no remunerada, y en YouTube les pagan, y a los mejores, les pagan muy bien.

La calidad del contenido tal vez es el punto donde seguro muchos se escudan de manera oportuna, pero cabe recordar que el contenido televisivo, para radio o para prensa, de donde salen la mayor cantidad de críticas, no es el mejor (por algo muchos piden a gritos un tercer canal…que ya existía incluso antes que Netflix, se llama YouTube), y la verdad es que cosas muy buenas y muy malas hay en todo lado.

No es coincidencia pues que una periodista del calibre internacional como Carmen Aristegui, sea YOUTUBER, con millones de visitas en su contenido y haga un producto de una calidad periodística impecable y consiga números, sino iguales que Germán, de un impacto muy importante. O programas como “El Pulso de la República” sean líderes de opinión cuando de YouTubers de noticias hablamos.

El periodismo no puede morir, pero si se puede ver detenido por quienes no aceptan o simplemente ignoran que el cambio y la evolución los favorecen en cantidades. Lo que se debe procurar en Colombia es pensar más en macro y menos en micro;  la información está en todo lado y el periodista local con un pequeño post o video, puede convertir su contenido en una nota mundial en cuestión de horas, si entiende la dinámica del mercado y lenguaje que los nuevos medios plantean.

 

Autor: Juan David Garzón
Twitter: @Juandescribe
juan david garzón

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