“Perrea mami Perrea…”

¿Le son familiares estas estrofas?
“Perrea, mami perrea, sácalo, mételo, acábala…”
Seguro que sí. Pues son algunas de las sosas y repetitivas letras del reggaetón.
En serio, cinco años después de haberse iniciado este fenómeno en la música me sigo preguntando ¿Qué le pasa a esta juventud?
¿Cómo le pueden gustar a alguien canciones donde lo único que cambia es el nombre del artista pues la letra y la música son iguales? Donde la mujer es un pedazo de carne para tirársela y los cantantes tienen pinta de proxenetas.

Qué tiempos aquellos en los que prendía la radio y emisoras como la desaparecida súper estación me alegraban los lunes con don quijote, recuerdo que pasaba el día entero oyendo lo mejor del rock en español.

Tiempos memorables donde agrupaciones como Los Héroes del Silencio eran los Don Omar de hoy día y La Ley, los Daddy Yankee actual, donde los adolescentes íbamos a minitecas en las casas y nos parecía toda una aventura que el anfitrión contratara un estrover y una máquina de humo.

Cómo me gustaría volver a esa época donde mientras hacía las tareas del colegio, en mi grabadora con casetera sonaban Los Aterciopelados, Poligamia y Santa Sangre, donde en vez de vestir jeans con la tira de las tangas por fuera, tanto hombres como mujeres usábamos camisas de rayas de colores.

Y ni hablar del baile, nosotros no perreábamos pegados a una pared, en un baile esquizofrénico que imita movimientos sexuales, ¡no señor! Quién de mi generación no se movió al ritmo de El Meneíto, el reggaetón de los noventa. Recuerdo que el movimiento de los pies no variaba, sólo cambiaba lo que hacíamos con las manos, pasos como el teléfono y el egipcio eran memorables y la estrella del momento era un cantante Panameño llamado El General. No había quién se quedara sentado, pues desde el más joven hasta el más viejo, todos se animaban al ritmo de El Meneíto, el meneíto y ahí ahí…
Definitivamente, son tiempos que no volverán pero que me alegra haber vivido, por lo que ahora sólo me queda escuchar resignada el mismo sonsonete:
“Perrea, mami, perrea”.

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