Política incorrecta

Política incorrecta

POLÍTICA INCORRECTA

Cuando se habla de política, por lo general, nos remitimos al hecho del sufragio cada cuatro años o a los hombres grises de risas estrambóticas que se autodenominan “padres de la patria”. Y por lo tanto la aborrecemos. Y ese ha sido uno de lo más terribles errores. El voto es una herramienta de participación para hacer valer los derechos políticos de todo ciudadano y aquellos seres de grandes panzas y enormes cuentas, también; pero no son lo único.

Aristóteles decía que la política era la acción de los seres humanos en la sociedad. Su objetivo es tomar decisiones. Es decir, se usa como una herramienta para transformar la realidad. Podríamos ser didácticos y categorizar el discurso bajo tres figuras: el ciudadano, el representante y las bestias, esta última pensada para aquellos seres que carecen de lenguaje y ética.

Pero continuemos con el griego, quién plantea que en la política juegan dos elementos: el lenguaje y la ética. El primero es la base de la sociabilidad natural del hombre, por la necesidad del otro para darse. De igual manera, el término va anclado de la mano de la ética, que según Aristóteles, es la búsqueda del bien, de lo correcto.

Ahora, si se pone en práctica el ideario aristotélico para revisar a los representantes de la sociedad en los círculos de poder del gobierno, se encontrará una sorpresa. Los actuales concejales, alcaldes, diputados, gobernadores, senadores y ex-presidentes han estado vinculados con los más terribles crímenes sociales, económicos y políticos. Muchos de ellos elegidos con dineros provenientes de las mafias del narcotráfico; pero también, del azúcar, el petróleo y la banca.

Una visión terrible sucede si se analizan las elecciones. En el país cada que se realizan votaciones los ciudadanos quedamos con los pelos de punta, no sólo porque nos obligan a ser jurados, por la desfachatez de los partidos políticos que llenan la ciudad con su basura sino también por la rampante corrupción que se pase por todos lados.

Dentro de poco tiempo, los ciudadanos tendremos el derecho a elegir a quienes nos representarán. Como muchos de ellos están siendo investigados o están presos por sus nexos con criminales y su negación a dejar su posición es tan grande, van a montar a sus esposas, hermanos, primos, amantes o guardaespaldas, todo con el fin de mantener las prebendas que da el poder.

En Colombia, se tiene la facilidad de aplicar eufemismos; es decir, llamar a las cosas con otros nombres, mejor dicho ser políticamente correctos. Términos como   “herederos”, “cuotas políticas”, “mermelada” y “marulla” no son más que formas retorcidas de ocultar a los canallas y sus acciones.

Volvamos a Aristóteles y consideremos que el fin de la sociedad y del Estado es garantizar el bien supremo de los hombres, su vida moral e intelectual; no se puede huir del deber que se tiene, en las próximas elecciones, de no permitir que los crápulas sigan en el poder.

Finalmente, reitero: la política está dada en todos los ciudadanos y se ejerce a través de la participación en asunto públicos. Es decir, cuando usted se manifiesta en una marcha, haciendo un grafiti, denunciando un atropello, publicando un tuit y hasta escribiendo un poema, hace política. Ahora que lo sabe, hágalo bajo una visión amplia de la realidad, sea claro, conciso y sobre todo propositivo, para que no encaje en la última de las categorías mencionadas.

 

Escrito por Felipe Paris   @felipe_paris

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