¿Por qué lloran los Emo?

¿Por qué lloran los Emo?

Foto: Manuel Vivanco

Foto: Manuel Vivanco

Los Emo son una nueva subcultura de entes en plena adolescencia, emocionales hasta los tuétanos, que estéticamente hicieron una mezcolanza entre góticos, animax y thundercats. Son un adefesio, pero en defensa de la libertad de expresión y el derecho al libre desarrollo de la personalidad, hay que respetarlos. Por inmundo que se vistan, por hediondo que parezca ese mechón de pelo trasquilado y caído sobre la cara ocultando vaya uno a saber qué cosa; los Emo tienen ya un espacio en nuestra sociedad. Un espacio para llorar todo lo que les de la gana.

Se comunican virtualmente en un paralenguaje que incluye emoticones variados desde un simple guiño 😉 hasta toda una oración estructurada con sujeto, predicado, complemento directo e indirecto representada en un escueto grupo de caracteres como: $%&:P que a nosotros si acaso nos recuerda la desaparecida taquigrafía tan útil para el gremio de las secretarias ejecutivas de los sesentas, las mismas que ahora son hermosas y orgullosas abuelitas de algún Emo al que miran con sospecha y hasta miedo pero con profundo amor.

Los Emo en lugar de fotos se mandan cientos de muñequitos de tira cómica japonesa con leyendas absurdas sobre lo mucho que les duele el alma, se llaman por celular día y noche unos a otros para decirse lo tristes que están, no tienen mascotas porque se les mueren, no tienen equipos de fútbol de barrio porque no soportarían una patadita en la canilla, no quieren a sus padres porque ni los conocen, no se identifican con nada porque no hacen parte de nada diferente a sus propias emociones. Esos son los adolescentes de principios del Siglo XXI.

Lloran por la tierra, lloran por el agua, por sus amigos, por su colegio, por su celular, por su conexión a Internet, por el clima, por la caída del dólar, porque facebook está en mantenimiento, porque Juanita no se conectó hoy, porque Emilio se quedó sin minutos, porque Cata tiene gripa, y así sucesivamente transcurre el día de un Emo entre llanto y llanto hasta presentar deshidratación y baja de potasio que los deprime nuevamente.

Habiendo verdaderos motivos para llorar, como por ejemplo, un nuevo vecino costeño de parrandón vallenato diario desde las 6 am, la PILA y sus interminables filas, una película dirigida por Sergio Cabrera sobre la operación Jaque o un tercer período de Uribe; éstos impúberes anómalas se empeñan en volar moco a diestra y siniestra por cuanta banalidad alimenta sus días.

¿Qué dirá Andrés López sobre los Emo? Tal vez no sea cosa de risa sino de llanto.
Mientras a nuestros padres los criaron con aquello de: “los hombres no lloran”, “sea macho y no chille”, “sóbese y deje de moquear” y a los que cursamos el tercer piso nos criaron con “hay que expresar sentimientos pero sin drama”, “no te reprimas”, “llorar es bueno para los pulmones”; a éstos nadie los crió y no pudieron superar la única forma de comunicación del recién nacido: el llanto.

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