¿Por qué nos gusta tanto Uribe?

¿Por qué nos gusta tanto Uribe?

Juan Lorza

Hace cuatro años, frente a la carretera que conecta a la Alta Guajira con Riohacha, me encontré con un interesante letrero en el que la comunidad Wayú felicitaba al presidente Uribe por apoyar a su región. Uribe había visitado dos días antes la zona, y su excelente gabinete publicitario convenció y dio los recursos a los líderes regionales para hacer el letrero donde la comunidad felicitaba al presidente.

Y es que el gusto por Uribe radica en una estrategia publicitaria —para nada demeritable— en donde la presencia es el mayor activo. Un presidente que visita, que reconoce, que viste, que vive la cultura según las circunstancias y el contexto. Un presidente que tiene claro que la praxis hace al hombre y que la acción lo define. He ahí la importancia de los consejos comunitarios y de sus visitas a localidades en donde se viste con ropas de la región, el caso más impresionante es el del río Guatapurí en donde el Presidente sacó la pantaloneta y entró a las aguas del mitológico río del Cesar, o la del Cañón del Chicamocha en donde con saco y corbata se puso a hacer Canopy.

Pero, una cosa es la publicidad y otra cosa es el modelo estructural que se está gestando. Es claro que se ha disminuido el poder territorial de las FARC, por lo menos en el país convencional; es cierto que la economía está en un “gran momento”, aunque esto se deba más a un momento de coyuntura mundial; es cierto que ha disminuido el índice de secuestros y que ya podemos ir a nuestras fincas.

Hace cuatro años, cuando estuve en esa carretera de la Guajira e iba de salida para Riohacha presencié una imagen todavía más interesante. Eran las cuatro de la mañana, el cielo iluminaba el desierto, el tráfico estaba suspendido en la carretera, y de repente, una caravana de camiones y camperos con hombres armados entraba contrabando al país. Parado frente al letrero de felicitaciones veía esta imagen impactante, un poco la verdad de un país que quiere hablar de lo bello olvidando lo oscuro. ¿Qué hacían estos camiones por una carretera con fuerte presencia del estado? ¿No se daba cuenta el Ejército de esto, si toda la región estaba militarizada por la venida del Presidente? Es importante recordar que por ahí está la vía férrea que comunica a la mina del Cerrejón con el mar.

Y es que si bien Uribe es como el pedazo de madera que encuentra un náufrago en medio de la tormenta; detrás de este modelo (y ojo, no estoy hablando de Uribe como persona sino como institución) se evidencia uno de los momentos donde mejor se ha revelado el fenómeno de la corrupción, ¿no es acaso muy sorprendente que muchos de los congresistas y funcionarios investigados y encarcelados por relaciones con paramilitares sean del movimiento que apoya al presidente? ¿Dónde está la reforma a la corrupción que tanto nos propuso?

Pero no importa, Uribe nos gusta porque es un hombre trabajador, y quizá nos guste más todavía porque representa esa cultura del atajo, esa cultura del querer sacar partida doble, esa cultura corrupta que se hace necesario cortar con urgencia. Ahora, muchos me dirán que Uribe no es ningún corrupto, y pues hasta razón pueden tener, pero vuelvo y aclaro: hablo de Uribe como líder de un modelo de organización política, económica y social, no de la persona, un presidente no es una persona, un presidente es una institución.

Para terminar, ¿por qué ese señor Santofimio (hoy encarcelado por el asesinato de Galán) pertenecía a la campaña de Uribe en el Tolima? ¿Por qué el jefe de campaña en el Magdalena para las elecciones de 2001, está encarcelado por ser director del DAS y entregar esta institución a los paramilitares?

Por eso nos gusta tanto Uribe.

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