Postulándome a hereje

Postulándome a hereje

sebastian-guevara-sinmiedo

Hay muchas cosas de la vida que tratamos de ignorar. Cosas que dejamos para después porque de pronto en “el ahora” no tenemos tiempo para echarles cabeza o sentimos que no tenemos las suficientes herramientas como para resolverlas. Hay preguntas sobre nuestra vida que nos llegan y archivamos inmediatamente porque sencillamente esas preguntas tienen respuestas complicadas. Lo que finalmente pasa es que esas preguntas nos acorralan hasta que toca, sí o sí, pararles bolas.

Me gusta preguntarme. Me gusta mirar para adentro porque ahí es donde encuentro la verdad; y pues para resolver la vida eso es todo lo que necesito, tomar decisiones partiendo de lo que es y no de lo que parecer ser.

Un día cualquiera me pregunté: ¿Será que Dios sí existe? – ¡Y me cagué del susto! Me dio miedo que ese dios que castiga a los pecadores me juzgara por usar mi cerebro… ¡pero ya qué! Me había untado y no había tiempo de arrugarse, entonces me seguí preguntando… ¿Es Dios una necesidad real o inventada? ¿Real como respirar o inventada como tener plan de datos?

Mis respuestas no eran claras, estaban llenas de sesgo, eso fue lo primero que noté.  Sentía que mi cabeza estaba tan programada para confirmar y necesitar la existencia de un dios que no iba a encontrar argumento que me dejara tranquilo.

Cuando llegué a este mundo me inscribieron en la religión católica y la practiqué de la misma manera como la practican la mayoría de las personas que conozco, de manera light. Así como cuando uno ama a la novia pero anda calentando oídos, o como cuando hace dieta de lunes a viernes pero come hamburguesa y fritanga sábado y domingo; Así mismo, de mentiras, porque aunque hice la primera comunión, me confirmé, comulgué y fui muchas veces a misa, siempre supe que no estaba haciendo las cosas como la religión me lo pedía, y eso así cómo para qué.

Decidí divorciarme de la religión, no de la católica, sino de todas. Las respuestas a mis preguntas no estaban en otras teorías, no estaban en otras figuras. No necesito que otro clan me diga que tiene en sus manos la verdad absoluta y ande pregonando la paz y la santidad mientras está señalando de bestias, ignorantes o blasfemos a quienes se conectan con la raíz de la vida de manera diferente.

Como estas respuestas no surgen todas en fila, sino que te van jodiendo de a raticos, sobre todo antes de dormir (y llega el insomnio), pasé a una etapa experimental más arriesgada: dejé de encomendarme a un dios. Chao padre nuestro que estás en los cielos, chao Dios mío bendito ayúdame… ¡Chao todo! Era yo, el individuo, dueño de mi vida, poder absoluto de mi propio destino y creador de MI universo. La ausencia del dios es rara y no tan fácil, pero había que probar.

Hoy, cuando me he tomado el tiempo para pensar, pero sobre todo para sentir, he resuelto que así como unos llamaron dios al sol o al agua, por darle vida a la tierra; o como otros prefieren la muerte para servir a su creador; yo creeré en lo que hay en mí y hablaré de tú a tú con esa fuerza que me trajo hasta acá.

¿Dios existe? Depende de usted. Lo que decida estará bien.

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