Primiparadas: un ritual en vía de extinción

Primiparadas: un ritual en vía de extinción

¿Qué pasó con los bombardeos de globos de agua, con las persecuciones por el campus con la harina y huevos y con la tirada al lago? ¿Qué pasó con hacerse pasar por profesor cuchilla? ¿Qué pasó con las primiparadas? ¿Dónde quedaron las bromas (bastantes) pasadas para los recién entrados a la universidad? Es un ritual de iniciación que lastimosamente se ha perdido, con el tiempo se ha desvanecido y apenas sobrevive en unas cuantas universidades públicas.

Fotos:Raquel Muñoz - EL CLAVO

¿Pero qué cambió en el mundo para que tan sana costumbre desapareciera? Acaso quién demonios lo revolvió todo y ahora los primíparos son los mejor atendidos y comprendidos, y pasan impunes los primeros meses de universitarios. Pues como todo en este país, las condiciones sociopolíticas se tiraron la diversión. “No es que nos hayamos vuelto aburridos, es que ahora uno no se puede arriesgar”, me dijeron unos cuantos veteranos encuestados, las cosas han cambiado, y he descubierto que básicamente son dos los factores que nos impiden hacer primiparadas: el clima ‘narco’ y la inclusión tecnológica.

Con riesgo de parecer serio, la ‘narco’ sociedad se nos ha tirado la diversión, uno ya no sabe con quién se mete. Antes, todo era más divertido y los pequeños primíparos eran indefensas criaturas en las fauces de la vida universitaria. Pero ya no. Desde hace un tiempo a los ‘traquetos’ y a los hijos de los ‘traquetos’ o de los ‘lava-perros’ les ha dado por volverse cultos, por estudiar, y claro, uno no puede andar por ahí tirándoles bombas de agua y harina a cualquier tipo… va y le sale una de estas joyitas y termina uno corriéndole, pero a balas de verdad; o termina uno en el lago, pero con unos, muy a la moda, zapatos de cemento.

Ahorita el que más cara de bobo tiene anda con una pistola que le dio el papá, o con dos guardaespaldas detrás de los árboles, o con un francotirador por ahí en alguna azotea. Entonces ahí no se puede hacer nada, eso de hacerse matar no más para continuar la tradición no es muy interesante que digamos.
Por otro lado, la tecnología llegó para quedarse, y es normal que cada uno ande con mínimo tres o cuatro aparatos electrónicos encima. Entonces vaya y tire a un pelado de estos al lago y haga la cuenta de todos lo aparatos que le dañaría: 500 mil de un iPhone, 300 mil del iPod y 1.600.000 del portátil. Imagínese, dos millones cuatrocientos mil  pesos por ver cómo un primíparo chapotea en el lago… ¡Noooo, gracias! Divertido, pero la platica no está para botarla así. Y si lo que se intenta es embolatar a un pelado de estos por los pasillos de la U, pues simple, saca su iPhone, que ahora trae GPS, y encuentra gracias a Google Maps dónde queda la facultad o la biblioteca y lo deja a uno mamando.

¡Qué lástima que la situación del país y de este mundo globalizado haya acabado con tan bonita tradición! Tradición de iniciación que se da en todas las sociedades, desde las más “primitivas” hasta las comunidades académicas de elite como Harvard (vean cualquier película gringa de fraternidades universitarias y verán). Las primiparadas son un acto simbólico que marca la transición del mundo infantil del colegio al mundo adulto y por eso es muy triste que en Colombia ya no existan, salvo en algunas universidades, donde unos valientes se arriesgan a que los manden a desaparecer o a endeudarse.
Sólo queda esperar a que algún día se pueda revivir, cuando ya los hijos de los ‘traquetos’ se resignen al negocio familiar y los iPhone floten.

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