Prostitución política

Prostitución política

¿¡A quien hay que venderse para llegar!?prostitución políticaTodas las personas han estado inmersas directa o indirectamente en el quehacer político, han sentido, vivido y sufrido en carne propia el dolor de la derrota política, de la corrupción y de las falsas promesas. Desde que este país es república, el poder político se concentra en ciertos sectores que conocen a la perfección como mantenerse en el poder y que lo transfieren por linaje, lo que resta cualquier posibilidad de cambio. Los Pastrana, López, Lleras, Santos… (Irónico por ejemplo, es saber que Vargas Lleras está destinado a ser presidente de Colombia desde que nació).

Ahora bien, si el poder central está concentrado, en las regiones sucede lo mismo y peor, los cacicazgos políticos son gravísimos y casi invencibles, las alianzas, los acuerdos programáticos, las coaliciones, como quiera que sean, son convenios para reforzar al candidato más fuerte y aplastar a las fuerzas emergentes, las nuevas opciones, que en la mayoría de ocasiones son legítimas. El problema radica en el dinero, las campañas tienen precio, los votos tienen precio, la gente tiene precio.

Un candidato que tenga procesos con la ciudadanía, que desde siempre haya ejercido actividades en torno al bienestar común, con trabajo en las comunas, en lo social, que tenga una hoja de vida brillante, que se perfile como una opción real de cambio no es un prospecto para ejercer un cargo de elección popular, sencillamente no tiene capital, tiene que venderse o negociar. Hace algunos meses, en una conversación con algunos amigos conocedores por experiencia de la forma de hacer política, se analizaba cuáles son los caminos para llegar a un cargo público de elección popular. Se puede hablar de cuatro, en primer lugar, tener un monto de capital que sustente una campaña política (más de mil millones de pesos); segundo, tener una corriente política definida, es decir, hacer parte de una estructura que le permita llegar sin apuros al cargo; tercero, ejercer un cargo público y utilizar los dineros del Estado para financiar su campaña; y cuarto, por medio de la ilegalidad, esta es la opción reinante en Colombia, es infalible. De forma tal, que si alguna vez, alguien se pregunta sobre un candidato desconocido, ahí están algunas opciones que explican su presencia protagónica en las contiendas electorales.

Entonces, mientras no exista una reforma electoral seria que facilite el acceso a la política de los sectores alternativos, de personas que sin tener la billetera a reventar, o vínculos con las estructuras de poder legítimo o ilegitimo; sin que para ser candidato tenga que vender, negociar, firmar y endosar su alma al mejor postor, en Colombia la política no es más que una decepción, la mayor prostitución. Salvo, las benditas excepciones de quienes han accedido de manera casi heroica, sustentados en un estandarte de legalidad y sabiduría, que a lo largo de su vida han construido y se ha ganado el favor de la ciudadanía que aunque escaza, existe, aquella que piensa. Sólo por esos hombres y mujeres que han demostrado que se puede entrar y transformar, vale la pena seguir luchando en este camino rocoso.

Pdta: Admito que en cada época electoral me ilusiono con los candidatos que considero legítimos y cuando el poder se queda en manos de los mismos tiro la toalla, y al día siguiente vuelvo a empezar, y aún sigo creyendo ¡qué masoquismo!

Escrito por Luis Gabriel Rodríguez de la Rosa  @Lgrdelarosa

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