Protección Social ¿Qué nos espera?

Protección Social ¿Qué nos espera?

proteccion_socialNo es común encontrarse con noticias como la de la pérdida de la avioneta que trasportaba al Ministro de Protección Social, el doctor Juan Luis Londoño. Y eso que aquí en Colombia todos los días muere alguien, ya sea víctima del conflicto armado, de la violencia urbana o porque simplemente le tocaba, pero que desaparezca el ministro de Protección Social, en cumplimiento de sus funciones y sus deberes, causa una sensación de incredulidad y a la vez de desesperación, porque uno piensa: ¡Qué más le puede pasar a este condenado país! Sin embargo, y con el mayor respeto hacia el señor ministro y su comitiva, algo es claro y no hay necesidad de que se caiga un avión para darnos cuenta: aquí en Colombia hace rato se cayeron las políticas de Protección Social.

A finales del año pasado la tasa de desempleo fue del 14,9% equivalente a 2’992.000 de desempleados, sin contar la tasa de subempleados que llegó a 34%, es decir, 6’926.000 personas que trabajan medio tiempo, en tareas distintas a su preparación profesional o que sobreviven en la economía informal. El dilema no es sólo el desempleo, sino también la inseguridad del empleo, ya que de los actuales trabajadores, cerca de un 80% cree que dentro de un año perderá su puesto, según estudios del desaparecido ministro.
De igual forma, la salud en nuestro país continúa con la crisis hospitalaria que ha dejado a un centenar de beneficiarios a punta de Ibuprofeno y Acetaminofén recetados por el farmaceuta del vecindario. Por su parte, el SISBÉN, aún no cubre a la población de los estratos 1 y 2, ya que este servicio se ha prestado para tejer toda una red de favores personales, mientras que la gente sigue haciendo filas en los andenes esperando que le entreguen, después de mucho luchar, el respectivo carné.
Frente a este panorama, ¿qué hace el actual gobierno para contener el avance del problema social?… La respuesta es fácil, continuar con la reducción del Estado para ahorrar gastos y así poder cumplir con los compromisos financieros frente a la Banca Multilateral. El gobierno le apunta al combate contra el terrorismo, para que una vez derrotado se pueda recuperar la confianza y la inversión extranjera retorne para dinamizar la economía. De esta manera se espera que se genere una disminución considerable en la tasa de desempleo, y un aumento en la inversión para la salud y la educación. Mientras todo este ciclo de causas y consecuencias se intenta poner en marcha, el presidente Álvaro Uribe y su equipo de tecnócratas siguen al pie de la letra las instrucciones dadas por el Banco Mundial respecto a la privatización de bancos como Bancafé y Granahorrar, empresas como ISAGÉN y la recomendada reforma tributaria, fiscal, laboral y pensional, para evitar el colapso financiero que en gran medida ellos han propiciado.
De esta forma, la inversión en la reactivación del sistema laboral y de salud está igual a la avioneta en la que iban el señor ministro y su comitiva… perdida. Perdida en los discursos que no hacen más que animar la buena voluntad de los colombianos, para esperar cómo el Estado les da una pronta solución, pero no sin antes apostarle a la guerra como la salvación a todo este conflicto.

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