¿Qué es en realidad “Malicia Indígena”?

¿Qué es en realidad “Malicia Indígena”?

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La expresión Malicia indígena, bastante arraigada en nuestro país, no es una simple frase, se trata de una forma de identificación. Identificación principalmente en el hecho de auto definirnos como herederos de alguna capacidad ancestral, que permanece con el tiempo y que nos permite “desenvolvernos mejor” como seres humanos ante otra sociedad, o ante los males externos.

Para comenzar, hay que definir un poco más qué es exactamente lo que significa tener Malicia Indígena. La frase está muy asociada con otras tantas que se dicen a diario: “El vivo vive del bobo”, “No hay que dar papaya”, “Hecha la ley hecha la  trampa”.

Todas apuntan a lo mismo, en esencia parecen indicar que se trata de una “filosofía de vida” basada principalmente en obtener un beneficio personal a costa de la suspicacia, astucia, sagacidad o engaño, y se justifica como un mecanismo de defensa ante el entorno hostil en el que se vive. Digamos que don Juan está inconforme con el sistema de transporte de su ciudad y entonces, aprovecha el descuido de los vigilantes, o el momento en que las puertas se abren, para colarse y no pagar.

Es curioso, porque cada vez que se pronuncia esa frase, se le está dando una connotación a un grupo social específico, sin siquiera cuestionar qué tan asertivo es. ¿Realmente heredamos esa “Malicia” de los indígenas?

Desde  la época de la Colonia, a través del lenguaje y desde la visión del colonizador, se impuso en el imaginario una asociación negativa hacia lo indígena, derivando así frases como ésta, que con el tiempo cambiaron de sentido. Y si bien han existido a lo largo de los años formas de resistencia, tanto física como simbólica por parte de los indígenas, en realidad tampoco es que tengan una relación con esos actos de doble moral que el colombiano común comete a diario y que le otorgan una sensación de superioridad por creerse un paso delante de los demás.

A lo que voy con todo esto, es que una frase tan popular puede resultar problemática en tanto refuerza una supuesta identidad que no corresponde a lo que es.

Indagar un poco sobre las formas de asociación y la cosmovisión de muchas comunidades indígenas del país es encontrarse con algo bastante diferente. Bien podría estar generalizando, o incluso idealizando, pero sus prácticas y sistemas de organización, tienen al menos una perspectiva mucho más colectiva que la que se percibe desde afuera.

Leer testimonios sobre las comunidades indígenas, por ejemplo, ayuda a comprender que los hijos que nacen son de la comunidad, no de las personas, los rituales de transición estacionaria son colectivos, no individuales, la cercanía con la naturaleza es más directa y por eso se defiende el territorio hasta la muerte, el consumo, la desproporción y la desmesura no hacen parte de sus ideales y por eso no se explota la tierra hasta agotarla, ni a las mujeres como objetos sexuales hasta convertirlas en plástico andante.

La malicia indígena no es indígena, es nuestro evidente fracaso como sociedad que no ha sido capaz de aceptar que sigue mal a pesar del tiempo. Siempre culpamos a los demás y con eso justificamos nuestra porquería. Si no es el Estado, es la homosexualidad, la drogadicción, el ateísmo, la violencia, la revuelta, la indigencia, la pobreza, pero no nos damos cuenta que fuimos nosotros los creadores de los mismos monstruos que ahora negamos y combatimos.

 

Escrito por Maria Camila Trujillo Vargas  @MariacamilaT

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