¿Qué hace un ingeniero hablando de política?


Hace algún tiempo un lector de El Clavo escribió sobre “el despropósito que implica poner a un ingeniero de sistemas a hablar de política”, cuando una entre varias definiciones de Política es “actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”. La clave de esta definición es la palabra “ciudadano” que, hasta donde entiendo, somos todos los adultos conscientes independientemente de nuestra formación.

Cada quien puede desarrollar su consciencia como prefiera, pero para mí, parte del esfuerzo de ser consciente incluye conocerme a mí mismo, preguntarme qué quiero, qué me gusta o qué no. Tarde o temprano estos cuestionamientos abarcan nuestra relación con los otros, que nos lleva a inventar herramientas, ya no tecnológicas para manipular el mundo físico sino culturales para poder interactuar con otros seres conscientes (no me imagino a un robot o a un perro, no importa qué tan “inteligentes” sean, metidos en política o disfrutando un cuento).

Esto no significa que la sola consciencia nos dé licencia para trabajar en lo que queramos. Aunque con excepciones, admito que sólo los profesionales en ciertas disciplinas (como las ciencias exactas o las ingenierías) tienen la competencia para actuar dentro de ellas porque éstas tienen que ver con el conocimiento de las leyes naturales y de las herramientas para manipularlas, que no pueden ser conocidas sólo a punta de intuición, sino que requieren de años de estudio, observación y experimentación.

Por otra parte, nos encontramos con las humanidades (dentro de las cuales está la actividad política), donde ya no tenemos leyes naturales sólidas y comprobables, sino que nos enfrentamos con nuestra propia impredictibilidad. Por supuesto que no estamos totalmente libres de encajar en dinámicas, patrones y arquetipos que puedan modelarse teóricamente (que lo diga Maquiavelo), pero esencialmente ningún modelo puede aplicarse a dos personas exactamente de la misma forma. Es más, dominar la teoría no garantiza buenos profesionales en las disciplinas humanísticas ya que el ingrediente clave para interactuar con otros no son las herramientas teóricas sino la consciencia. Es nuestra humanidad la que nos permite, por ejemplo, vivir como ciudadanos sin que hayamos estudiado Sociología o tener una rica vida espiritual sin haber estudiado Teología.

Para mí esto significa que no es la teoría sino móviles como la conciencia social o el interés personal los que nos llevan a participar de la política. Por supuesto que cada quien hace aportes desde la perspectiva que le da su formación, pero sin restringirse únicamente a ella. Por poner tres ejemplos, Francisco José de Caldas, Benjamín Franklin o Antonio Navarro Wolff han sido actores claves de la actividad política, sin problema por haber sido también ingenieros.

En conclusión, para analizar y teorizar sobre la dinámica política están los politólogos, pero para participar en política con nuestra opinión, lo que se necesita es consciencia para criticar lo que no nos gusta y para proponer lo que consideramos conveniente para la sociedad en la que vivimos. Esto no es sólo un derecho; es un deber si se considera que las cosas pueden hacerse mejor. ¿O acaso todo está perfecto?

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