Realidad Javeriana vrs. Realidad real

Realidad Javeriana vrs. Realidad real

Es por todos sabido que a la burbuja de cristal en la que se desarrolla nuestra vida, pocas veces penetra la realidad. En muy contadas ocasiones nos permeamos de ese ambiente de desesperación, desilusión, ED 05_portadadesconfianza y por ende, de caos que agobia a las personas que viven en “la realidad real”. Sin embargo, cuando por alguna circunstancia, nuestra burbuja de cristal se ve acosada por una realidad ineludible como el secuestro de un familiar o el asesinato de un amigo, no somos capaces – por miedo o por conformidad – de manifestar nuestro desacuerdo con esta situación frente a un colectivo que pueda llevar a cabo acciones para impedir que esto siga sucediendo. Es por ello, que EL CLAVO considera necesario cumplir con la función de expresar a la comunidad aquellas situaciones que perturban esta apacible realidad, que no es alcanzada por la crisis económica, por las masacres campesinas, por los
desplazamientos, por la guerra en el Caquetá y el Putumayo … por nada ! !

El pasado lunes dos de marzo nueve balas callaron la voz de Didier Aristizabal, un periodista que creyó en el proyecto de EL CLAVO, y nos siguió para seguir adelante en nuestro proceso. Posiblemente, su nombre no signifique nada para la mayoría de las personas, y su muerte sea mucho menos que una dolorosa estadística, que describe cómo el país se desangra en una guerra estúpida, en la que sacrifica día a día a sus mejores hombres.

Independientemente de la persona, el asesinato de un periodista marca profundamente a la sociedad, porque son éstas las personas designadas social y culturalmente para “decir la verdad”, acto que en este país es causal de exilio y muerte. Por tanto, no es una muerte más, sino que significa el callar una opinión, el impedir que una voz manifieste abiertamente su oposición frente a una situación en particular,  como el surgimiento de las Convivir, los secuestros de los soldados o la continua violación de derechos humanos. Implica seguir surniendo al país en la crisis de la información sesgada y limitada, implica finalmente, el deseo de callar las opiniones del país entero.

La pregunta pertinente es pues, ¿Hasta cuando  vamos  a  permanecer indiferentes a esta realidad que nos desborda? , ¿ a cuantos mas tendrán que secuestrar, torturar y matar, para que por fin podamos despertar de esta perplejidad que nos ata las alas ?.

Es tiempo de empezar a actuar, de dejar de delegar en otros esta obligación, el mandato por la paz sentó ya un precedente de participación, pero cada día se hacen necesarios actos más contundentes, para definirnos como actores principales en el proceso de paz, y no como simples espectadores que observan como las minorías bélicas liquidan uno por uno a los que se atreven a pensar y a decidir libremente, en un país donde esto se encuentra reservado para los que tienen las armas, el poder y / o el dinero.

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