Reflexione Y…

Reflexione Y…

“En el siglo XXI, la capacidad intelectual y la imaginación, la invención y la organización de nuevas tecnologías serán los ingredientes estratégicos claves” (…) “ La infraestructura que realmente va a importar en el futuro reflexione_educacionno es tanto la infraestructura física como la del conocimiento ( Lester C.Thurow, El Futuro del Capitalismo, Ed. Vergara, 1996).

En lo teórico esta realidad no  la discute nadie, sólo voy a aportar dos ejemplos tomados de las últimas semanas.
El presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, ha advertido que su segundo período presidencial deberá ser juzgado como bueno o como malo según logre o no cambiar los procesos educativos de su país para adecuarlos a las necesidades del siglo XXI. Y al final de su reciente visita a tres países suramericanos, expresó en Buenos Aires: “Si yo pudiera hacer algo de manera inmediata, sería revolucionar la calidad de la educación para todos los chicos de la región” (El Tiempo, domingo 19 de octubre, p. 18-A).

El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (EL BID), el uruguayo Enrique V. Iglesias, al ser entrevistado por la revista “Semana” de Bogotá sobre “Cómo nos ve” a los colombianos, expresó: “La gran batalla que tienen por delante tanto Colombia como toda América Latina es la de la educación, factor fundamental e indispensable para alcanzar un crecimiento sólido y sustentable a largo plazo” (Semana, octubre 13, p.187).

En la realidad
Todos los planes de desarrollo en Colombia, desde cuando fueron inventados, se refieren a la necesidad de aumentar la cantidad de cupos y la calidad de los contenidos en todos los niveles de la educación. Todos los candidatos a alcaldes, gobernadores o presidentes repiten esa misma cantaleta.

¿Y qué tenemos como resultado?
Un tremendo déficit, no sólo si comparamos la situación colombiana con países desarrollados o con los denominados “tigres” del Pacífico Asiático, sino aún confrontándonos con nuestros subdesarrollados vecinos de América Latina.

Un solo dramático ejemplo ilustra el problema. El porcentaje de jóvenes entre los 17 y los 24 años matriculados en educación superior (buena, regular o mala) es sólo 11.5% en Colombia. Superamos a Haití (¿?). Ecuador tiene 23%, Perú 26%, Uruguay 30% y Argentina 42%.

Si nos fijáramos en las cifras de la educación preescolar y de la educación media, las comparaciones serían, muy parecidas. Hay que reconocer que en la educación básica primaria y secundaria (6 a 15 años de edad) se ha logrado mejorar el cubrimiento.

¿Quién debe hacerlo?
En el libro citado al comienzo, Lester C. Thurow concluye: “Dicho en términos contundentes, los plazos de tiempo para el capitalista privado son demasiado breves para ajustarlos a la duración de la educación. Los capitalistas simplemente no invierten en sectores donde tienen que comprometerse en una secuencia de inversiones con bajos rendimientos, altos riesgos y valor declinante de los activos” (p.299).

O sea que si se quiere avanzar tal como es requerido en el desarrollo educativo, para tratar de poner a tono nuestro país con el mundo (por no mencionar la igualdad de oportunidades que debe brindarse a los colombianos) será preciso que el Estado mismo invierta cuantiosas sumas en el proceso educativo. En Colombia, en el actual momento, esa inversión es más urgente en la base y en la cima del sistema: en el preescolar y en la educación superior.

Comments

comments