Resistencia civil: ¡Vencer o morir sin matar!

Resistencia civil: ¡Vencer o morir sin matar!

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¡Vencer o morir sin matar!

 

La resistencia civil ha sido desde la antigüedad el recurso político pacífico al que apelan aquellos visionarios inconformes que no encuentran respuesta a sus demandas de libertad y justicia. Los rebeldes con causa que se han caracterizado por poseer una moral que legitima su lucha no violenta y que no hallan regocijo en la autoridad que los gobierna, han hecho de la desobediencia civil la herramienta efectiva para cambiar la historia.

Hablar de resistencia civil nos remite necesariamente a Henry David Thoreau, quien, en medio de la guerra de 1846 entre Estados Unidos y México por el territorio de Texas, tuvo que ir a la cárcel por negarse a pagar tributos a un Estado esclavista e invasor. Luego de esta experiencia Thoreau escribió su gran ensayo “Del deber de la desobediencia civil”, cuya idea principal puede definirse en la siguiente frase: “Si la máquina del gobierno es de naturaleza tal, que requiere de vosotros como agentes de injusticia para otros, entonces os digo: Romped la ley. Que vuestra vida sea una contrafricción que detenga la máquina. Lo que hay que hacer, en todo caso, es no prestarse a servir al mismo mal que se condena.”

La desobediencia civil de Thoreau influenció a hombres de grandes causas como Mahatma Ghandi, Martin Luther King y León Tolstoi, todos ellos hombres honorables, basados en la idea de una resistencia no violenta para enfrentar la segregación, el racismo, y la negación de derechos humanos generada por los tiranos de sus tierras. El goce de muchos de los derechos que hoy se ejercen en distintos lugares del mundo, es el fruto de resistencias civiles pacificas en las que hombres como estos, dispuestos a morir por una causa, no encontraron justificación para matar en nombre de esa misma causa, sin que esto significase rendirse, todo lo contrario: vencer o morir, sin matar.

El pasado 9 de mayo, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, máximo dirigente de la ultraderecha en Colombia, convocó a la ciudadanía a “resistirse civilmente” contra la firma de los acuerdos de paz en La Habana, los cuales, a su juicio, generan impunidad e incrementan la capacidad de los grupos violentos en el país. Para nadie es un secreto que a diferencia de Ghandi o de Luther King, hombres honorables y pacifistas por convicción, Uribe Vélez ha sido el gran guerrerista del siglo XXI en Colombia, es el pater famiglia de los paramilitares, a quienes concedió la impunidad contra la que en la actualidad protesta. En su gobierno la parapolítica se tomó el Congreso de la República, la mermelada que hoy critica desde su curul en el Senado fue pan de cada día en su presidencia, y la muerte de campesinos pobres a través de ejecuciones extrajudiciales fue uno de los sellos característicos de su mandato. Para no ir más lejos en la búsqueda de antecedentes que denoten el carácter violento y antidemocrático del expresidente, el pasado 2 de abril, él y su partido político convocaron a un “Paro Armado” en contra del proceso de paz de la mano del célebre “Clan Úsuga”.

No hay que ser sagaz para darse cuenta de que una “resistencia civil” convocada por Uribe no tiene nada que ver con lo que en esencia significa el término. En primer lugar, Uribe no es un pacifista, por más que se escude en la constitución y en la ley. En segundo lugar, el expresidente ha tenido en sus manos la “máquina” de la que habla Thoreau y su gran incomodidad es que ya no la tiene, su interés no es “ser la contrafricción que detiene la máquina”, sino apoderarse de la máquina para darle rienda suelta a su poder y garantizar la impunidad de los suyos, y en nombre de la ciudadanía que lo legitima, obtener su revancha política y volver a la jefatura de Estado para continuar una guerra que le asegura capital y votos.

Colombianos, nuestro deber y derecho a la desobediencia civil no debe ser manipulado para satisfacer las causas particulares de los poderosos; no olvidemos nunca que “Lo que hay que hacer, en todo caso, es no prestarse a servir al mismo mal que se condena”.

 

Autor: Christian Yarce
Twitter: @CristhianYarce
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