Seremos lo que somos


No bastó convivir con la basura. Al principio veíamos uno que otro desperdicio en las calles y esto nos asombraba, pero esperábamos que los trabajadores del servicio de aseo los recogieran. Por lo general el día domingo era fácil encontrarse con un centro limpio. Se podía bajar a lo largo de su arteria principal sin encontrar una sola basura, o se podía caminar por la orilla del río sin el temor de pisar alguna materia desagradable. Luego el paisaje comenzó a llenarse de periódicos convertidos en colchonetas, de ropa en desuso, de publicidad no leída, de electrodomésticos y demás bienes desechados. Incluso el cielo se congestionó de basura promoviendo basura al concejo, basura a la alcaldía; basura que promete liberarnos de la basura; basura que nos vende más basura.

Como sucede con todos los seres inertes nos acostumbramos a la basura, tanto que dejamos de simplemente convivir con ella para vivir en ella. Para muchas personas ésta es una forma de vida; de ahí comen, de ahí se visten, ahí conviven, en ese lugar les tocó nacer y en el mismo sitio morirán. La calle se llenó de basura que camina, de basura que habla, de basura que se reproduce generando más y más basura. Nómadas producidos por la misma sociedad que los aborrece.

Sin embargo, llegar a esta condición no es suficiente para seres tan inconformes como nosotros. Ahora podemos encontrar miembros humanos, fetos y cuerpos enteros descomponiéndose en los andenes, haciéndole compañía a latas y botellas, esperando para ser llevados por el camión como cualquier otro desecho más convencional. Pero bueno, hay que ser positivos: desde el punto de vista ecológico las partes humanas son biodegradables.

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