Sobre izquierdas disfrazadas y princesas enamoradas

Sobre izquierdas disfrazadas y princesas enamoradas

Caudillo, dictador en potencia, el líder que la gente quiere, fascista, Mesías, neopopulista, principito… son muchas las expresiones que tanto partidarios como opositores del actual gobierno colombiano han utilizado para referirse al Presidente Álvaro Uribe Vélez, intentando describir su perfil como gobernante. Todas, de forma más odiosa o simpática, señalan el carácter personalista del actual gobierno, que tan contentos (o sólo conformes, en el peor de los casos) tiene a los 7’397.835 colombianos de bien, amantes de la patria, que hace poco tiempo decidieron prorrogarlo por cuatro añitos más (en un principio).

Aclaremos una cosa: no soy comunista disfrazada, ni siquiera soy izquierdista, aunque por razones de fashion (¡plop!) se haya colado en mi ropero una camiseta estampada con el rostro del Che Guevara. Sin embargo, no voté por Uribe, entre muchas otras cosas porque no dejaba de causarme cierto escozor que tanto en las elecciones de Congreso como en las presidenciales, todo, desde los lemas de las campañas políticas, hasta la configuración de nuevos partidos y movimientos políticos (como el Partido de la U o Cambio Radical, que no tienen mayores pretensiones históricas ni ideológicas más allá de respaldar al Presidente, como el mismo Germán Vargas Lleras lo reconoció ), girara en torno al apoyo que debía dársele a Álvaro Uribe concretamente, y no tanto alrededor de ideas o propuestas precisas más allá de “la continuación de una buena gestión”.

Este personalismo rampante, sumado al tan sonado “efecto teflón” que siempre mencionan los medios de comunicación cuando un político mantiene altos niveles de popularidad en las encuestas a pesar de sus “embarradas”, puede ser síntoma de una sociedad que, cual princesa de cuento de hadas, se enamora perdidamente del príncipe azul que la sacará del encierro o la salvará de la muerte, sin molestarse en intentar salir de la torre solita o matar al dragón por sus propios medios. A los colombianos que buscan un héroe al cual seguir sin chistar, se les olvida que un país democrático se basa en un contrato social, no en el facilista apoyo masivo a un proyecto personal.

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