Sobre un pillo muy british

Julio Cesar LondonoDurante su “mandato claro” (1974-1978) Alfonso López Michelsen estuvo involucrado en varios casos de corrupción. De todos, el caso más grave fue el de la Carretera Alterna al Llano: el Presidente utilizó su gran fuerza mental para desviar el trazado de una carretera pública y hacer que atravesara una vasta hacienda suya, La Libertad. Un primo de su esposa Cecilia Caballero Blanco, Lucas Caballero, Klim , denunció en su columna de El Tiempo el negociado y armó un revuelo mayúsculo que hizo tambalear la silla presidencial. López consideró seriamente la posibilidad de renunciar (se dice que lograron bajarlo jincho de whisky del avión en que se iba a fugar) pero finalmente El Tiempo le entregó al Presidente la cabeza del columnista en uno de los episodios más vergonzosos de la historia de esa casa editorial, y López “se atornilló” en la silla como lo haría años después su pupilo estrella, Ernesto Samper.

En realidad la actitud de El Tiempo fue la usual. En todas las crisis políticas del país, el periódico siempre opta por “rodear las instituciones”. Pero no lo hace para salvar el país ni las instituciones sino para mantener un orden, así sea precario, en el entorno geográfico de El Tiempo. Cuando Enrique Santos Calderón apremiaba a su tío Hernando Santos, el director del periódico, para que editorializara contra el presidente Ernesto Samper, un sujeto con gobernabilidad cero por causa del Proceso 8.000, don Hernando le contestaba con su filosofía de comerciante gordo: “No es bueno tumbar presidentes, mijo, porque de pronto se le caen a uno encima “. “A uno“, es decir, a El Tiempo.

Hay otros pecadillos en la vida de este súper-listo gentleman. Uno fue la apertura de la “ventanilla siniestra”, que consistió en que el Banco de la República recibía dólares sin hacer demasiadas preguntas porque, alegó don Alfonso, “es mejor que esos dineros paguen algún impuesto y no que anden por ahí, de manera subterránea “. Esta ventanilla fue la primera gran “lavandería” del país. Otro pecadillo fue la ‘via libre’ que le dio al ELN cuando su cúpula estaba completamente copada por las tropas y el general Valencia Tovar recibió una orden del presidente López que permitió el escape de los guerrilleros. No voy a citar el caso de la Handel porque es demasiado conocido.

Hay que reconocer que López Michelsen ha salido más o menos airoso de todos estos líos gracias a su listeza y a esos ardides de sofista con los que confunde al que sea, como confundió al mismísimo Enrique Santos Calderón en Palabras pendientes , el reportaje donde López, viejo zorro, se comió vivo al co-director de El Tiempo. Su caso parece confirmar el epigrama de Darío Echandía: “En Colombia no hay nada que otorgue tanto prestigio como una larga impunidad “.

(Hace unos años, a raíz del robo multimillonario a un banco de Pasto a través de un túnel abierto desde la vecindad, circuló un chiste popular: está López viendo televisión. Pasan la noticia de los “topos” de Pasto. Sin soltar su whisky López mira a “la niña Ceci” y le pregunta: “Mija, ¿dónde están los muchachos? ” Es sólo un chiste, sí, pero ilustra el recelo que el apellido López despierta en las clases populares).

La guerra entre Klim y López tenía su origen, como todas las guerras en Colombia, en un problema de tierras que databa desde los años 30 del siglo pasado. Klim reclamaba derechos sobre la Hacienda Tipacoque , tierras sobre las cuales también reclamaba derechos la suegra de Alfonso López, Mary Blanco de Caballero, una señora casada con un tío del columnista. En el litigio López defendió los intereses de su suegra. Y aunque perdió el pleito —uno de los pocos casos que perdió en su vida— se ganó el odio de Klim y el de su sobrino, Antonio Caballero, que ha escrito muchas columnas venenosas contra él por Tipacoque y porque de eso vive, de “comer Presidente”, como decía el filósofo gordo citado arriba.

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