Somos expertos tragando humo: El país de los crédulos

Somos expertos tragando humo: El país de los crédulos

el país de los crédulos

Quien al acceder a cualquiera de los medios de comunicación más importantes de su país concluya que se encuentra frente a una fotografía de la sociedad, ha caído en el engaño, se tragó la patria tal como se la sirvieron, y su inocencia repercutirá directamente en decisiones políticas que le costarán su futuro y el de toda la nación, aunque no lo crea.

Es extraño: en Colombia a los ciudadanos nos alcanza la malicia indígena para sobrevivir todos los días, pero no para leer entre líneas los mensajes saturados que nos envían los poderosos a través de sus medios de comunicación. “¡El Viceministro es cacorro!” exclamó la masa ignara, pero pocos entendieron que lo grave es tener a los encargados del monopolio de la fuerza del Estado sirviendo de meretrices a quienes nos representan políticamente. Somos expertos tragando humo.

Muchos han considerado que el papel del periodismo es el de un narrador objetivo de la vida pública. Yo no dudo de esa tesis cuando pienso en los primeros informantes masivos de finales del siglo XV en Alemania, quienes pretendieron contarle a Europa a través de un volante las aventuras de un tal Cristóbal que emprendió una excursión en tres barcos hacia un mundo desconocido. Sin embargo, negar que el periodismo dejó hace siglos de ser un simple relator para convertirse en un protagonista determinante del devenir de la historia de las sociedades contemporáneas, es revolcarse en el embuste.

Entre 1869 y 1948 existió en la India un hombre que entendió que tener a los medios de comunicación en favor de su revolución pacífica lo pondría en ventaja garrafal y la independencia sería inevitable. Gandhi siempre vinculó sus actos políticos con impactos mediáticos en todos los niveles; comprendió que la prensa mundial sería la bomba atómica contra el opresor británico, y así fue: como resultado obtuvo la victoria.

Pero, así como la prensa ha sido usada para la emancipación de los pueblos, en otras latitudes se ha convertido en una herramienta de enajenación mental colectiva y de represión. Los padres de la Unión Soviética, también se percataron del poder de los medios de comunicación, por lo que monopolizaron la prensa, censuraron el pensamiento contrario y publicaron embelecos a favor del régimen que los mantuvo vigentes por más de medio siglo.

En nuestro país evidentemente no hemos sido ajenos al efecto poderoso del periodismo, pero no quisiera redundar en ejemplos. En lo que sí quiero enfatizar es en que somos más de lo que los medios nos dicen que somos, y con esto me refiero a que somos más corruptos, más bochincheros, más pobres, más indiferentes, pero también más ingeniosos, más fuertes y más que ellos.

Aunque se nos olvide o nos lo hagan olvidar, somos ciudadanos reales de una democracia, y eso es mucho más que tributar o votar, significa además que debemos esforzarnos por crear nuestra propia opinión para no reflejar la que los medios han construido para nosotros.

Significa que la voluntad popular debe tomarse el cuarto poder y no al revés, es decir que usted, ciudadano que me está leyendo, no tiene por qué creer de entrada lo que le estoy diciendo, pero sí tiene el deber de repensarlo e informarse para controvertirme o darme la razón.

 

Autor: Cristhian Yarce
Twitter: @CristhianYarce
Cristhian Yarce

 

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