Televisión colombiana: lágrimas de cocodrilo

Televisión colombiana: lágrimas de cocodrilo

camaraTodos conocemos los cambios fundamentales de la televisión colombiana desde hace más de 5 años, a partir de la quiebra masiva de programadoras, canales regionales y antiguos colosos de la cajita luminosa colombiana. ¿Dónde están Pequeños Gigantes o Señales de Humo ? ¿Dónde están los formatos innovadores y los programas que nos hacen inflar el pecho y decir que “¡los colombianos somos del putas!”?
Creo que las respuestas a estas preguntas están en la novela de las 6, en la de las 8 y en la de las 10. Novela viene, novela va. Nuestro apetito por los dramas de pañuelo y martillo ha crecido tanto que los programadores se han convertido en centros de estética para la formación de historias que titulan Gata Salvaje , Pasión de Gavilanes, y claro está, también hasta para una guerra de ángeles entre nuestros canales privados. ¿Y quién pidió esto? Creo que ambos canales no tienen más opción que depender de los estudios de mercado que dejan muy clara la sensibilidad que el televidente promedio muestra ante dicha programación.
¿Cuántos hogares abonados hay actualmente en todo el país?
Las cifras de hogares abonados a julio de 2002, son las siguientes:
  • Abonados a televisión satelital (Sky y DirecTV): 86.476
  • Abonados a televisión por suscripción: 897.932
  • Abonados a televisión comunitaria: 1.569
Fuente: Comisión Nacional de Televisión. www.cntv.com.co
¿Qué dejamos atrás?
Para los que tienen buena memoria, la jugarreta del tiempo televisivo no ha borrado la sombra de títulos como La Dama del Pantano , el fallido intento de hacer una serie de ciencia ficción al mejor estilo colombiano. Por razones obvias, el pobre seriado difícilmente cumplió las expectativas de las amas de casa, hambrientas por ver a una típica Guadalupe llorando por David José o a Ricardo Francisco descubriendo que estaba casado con su media hermana.
Hacemos alarde de la calidad de nuestras producciones y de la originalidad de las mismas. Talvez porque la fea de Betty le dio la vuelta al mundo y por esta razón ya creemos ser los “más más” de la TV latinoamericana; o porque Warner y Telemundo ahora se sienten orgullosas de compartir casting con Caracol y RCN. Sin embargo la maquinaria de compra y venta de derechos es quien hace de nuestra televisión una pizza trasnochada y fría que nadie puede evitar picar a media noche.
¿Y qué pasa con la pizza fría?
Qué desperdicio comer esta apetitosa basura televisiva cuando tesoros guardan por ser desarrollados. Sí, un tesoro yace en los canales pequeños y los proyectos abiertos de TV, claro que sin el sex appeal de los monstruos privados que nos colocan en la pantalla litros y litros de silicona y modelos al mejor estilo Calvin Klein mexicano.
Telepacífico, Telecaribe, Teleamiga, y hasta el mismo City TV, han demostrado que quitarse la camisa de fuerza de la compra y venta puede dar muy buenos resultados, trayendo a los hogares colombianos innovadoras formas de vivir la urbanidad y la ruralidad al televidente, sin dejar de comunicar nuestra realidad actual.
¿Competencia o desigualdad?
El 75% de los colombianos tiene algún tipo de servicio de TV pagada, lo cual hace del mercado de la televisión algo mucho más disputado que una competencia local entre los canales nacionales y regionales. Además, hay que hacer frente a que en la actualidad hay más de 50 canales internacionales en la oferta de empresas de televisión por suscripción (Direct TV, Cableunión, Sky, entre otros). La batalla se traslada a un ámbito mucho más global y con matices casi que infinitos, en cuanto a calidad y contenido. El apetito de la región por los documentales de Discovery y la diversión animada de Cartoon Network, simplemente no encuentra contienda en nuestra programación colombiana.
¿Por qué no podemos competir contra esos monstruos de la industria? ¿Acaso son más creativos o más originales que nosotros? ¿O simplemente estamos invirtiendo toda nuestra energía en novelas y en noticieros amarillistas? La realidad de nuestro tejido social se prestaría para hacer argumentales, documentales y todo tipo de producciones de mucha más variedad y con fortalezas que lleguen más allá que la estética de la presentadora.
On/Off
Deberíamos preocuparnos por hacer valer nuestra opinión o asumir con pasividad la postura de conejillos de indias inflando las cifras en los presupuestos de producción de las programadoras. Existen mecanismos claramente instituidos para evitar que la programación de nuestro país sea demasiado violenta, pero no parece que los haya para evitar una televisión estúpida y falta de esencia. Tampoco que promuevan un buen contenido audiovisual que aporte cultura y sentido común; que nos permitan ser conscientes de la amplitud de nuestra sociedad, de nuestra colombianidad.

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