¿Tenemos lo que nos merecemos?

¿Tenemos lo que nos merecemos?

Medellín tiene la destreza de Fajardo, Bogotá tiene la personalidad de Lucho Garzón y nosotros tenemos a Apolinar.
Viéndolo bien, no es tan injusto que Cali tenga un alcalde como Apolinar Salcedo.
¿Qué más se puede esperar de una población que no vota ni participa? Quienes eligen son los grupos sociales más pobres que votan por el personaje con quien se identifican más, y quién mejor que el hijo de una mujer humilde, que se superó estudiando en la universidad, posteriormente perteneció al Concejo de Cali y, además, es ciego.  Y para no creer: ¡Fue elegido alcalde de una de las ciudades más importantes de Colombia!
Una vez elegido comienzan las opiniones. Los de estrato seis (que se identificaban más con Kiko Lloreda) opinan: “con un alcalde ciego, ahora sí nos llevó el que nos trajo”, sabiendo que lo menos importante es que sea discapacitado. Lo aterrador es que siendo consciente de su limitación se haya rodeado de las peores víboras que se puedan conseguir en esta ciudad,  que tiempo después terminaran implicadas en investigaciones por malversación de dineros públicos.
Pero, ¿con qué derecho se atreven estos señores de estrato seis a juzgar a ‘Polo’, si el día de las elecciones no se tomaron la molestia de levantarse de sus camas, montarse en sus carros e ir a votar por el personaje de su preferencia (así fuera Lloreda)?
¿Y qué decir de los jóvenes? Votar es una palabra de adultos que no entra en los planes de un domingo de desenguayabe. Esta situación resulta mucho más preocupante que la pereza de los adultos. Entonces, dentro de unas cuantas décadas ¿quiénes van a votar? 

Sólo creo tener una certeza: si los caleños no nos ponemos en la tarea de evaluar a los candidatos a la alcaldía y no votamos en las próximas elecciones por un personaje cuyo pasado judicial esté libre de todo pecado, entonces nuevamente tendremos que decir que nos seguirá “llevando el que nos trajo”. La diferencia es que esta vez podré hacerme responsable de esta decisión porque en mis 20 años de vida podré dirigirme por primera vez a las urnas.

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