Tercer baño

Tercer baño

Por: Anónimo

gayHablar del tema de la homosexualidad en una “Pontificia Universidad” es ya de entrada un sacrilegio. Más cuando en la ciudad nos ven como los “niños bien”, los delicados, los hijos de papi, y hasta se han osado a calificarnos miembros de la “Gayveriana”.

Es urgente abrir el espacio para reflexionar sobre este tema, que para muchas culturas era algo normal. Por ejemplo, en las crónicas de la conquista narran cómo para la mayoría de las tribus pre-colombinas, la sexualidad era libre, y a las personas no se les juzgaba por sus preferencias. Muchos debates se han quedado enfrascados frente al tema. Que si los homosexuales nacen o se hacen, que si tienen una especie de tumor que los hace así, que atentan contra lo natural del cuerpo humano, que los anabólicos que le echan a los pollos produce alteraciones hormonales, etc. Ciencias como la neurología, la psicología o la biología han intentado dar su explicación al fenómeno. Freud y su Complejo de Edipo; la falta de hormonas desde los estudios médicos; la influencia cultural y del medio ambiente desde escuelas sociológicas; las diferencias de las células y de las glándulas cerebrales en los estudios de la medicina forense hicieron suponer que había predisposición hacia lo femenino o lo masculino. La neurología y la psiquiatría desvirtúan la tesis de la influencia cultural.

No olvidemos que al tema de la sexualidad se le empezaron a poner tabúes o límites con el florecimiento de la iglesia católica. Con la caída del Imperio Romano (450 d.C.) y el nacimiento oscurantismo medieval, nacieron las reglas y las normas de la sexualidad. Pecado eran las cosas relacionadas con el cuerpo y hasta se establecieron reglas y posiciones para hacer el amor. Normas que castraron la creatividad y la sensualidad en la cama. A pesar de no existir algún mandamiento al respecto, se legitimó al matrimonio como la única forma de asumir la sexualidad o la construcción del reino de Dios. No sólo se legitima la iglesia católica, sino muchas otras iglesias que defienden las buenas costumbres y tradiciones, viendo a lo extraño o diferente como un peligro.

Hay quienes han hecho todo un listado de personajes famosos que al parecer tenían sus inclinaciones sexuales hacia el mismo sexo. Personajes que vivieron en épocas de censura o no. Leonardo Da Vinci y su amigo David; el escritor del romanticismo Oscar Wilde, encarcelado dos anos por su condición sexual; García Lorca, asesinado por el régimen fascista y en la vida nacional son innumerables los nombres de políticos, artistas y científicos que abiertamente o en secreto, viven su realidad.

La censura a este tema que tanto incomoda a algunos, puede deberse a la falta de conocimiento, a los temores o sencillamente a la intolerancia y al rechazo que producen los gustos ajenos. Pero no se puede desconocer ese mundo Paralelo que existe a nivel personal y social.

Lo que sí es cierto es que no hay ninguna verdad absoluta, ninguna regla exacta y definitiva. Los genes y la conformación biológica pueden predisponer mas no determinar. El ambiente familiar, social y las experiencias traumáticas o placenteras pueden cultivar preferencias o consecuencias en la conducta sexual, pero no determinarlas. Se puede ser homosexual por cualquier razón y por ninguna. La otra gran verdad es que la cultura gay que convive en nuestra Universidad, en los bares y clubes nocturnos, no tiene una ética construida. No existe una comunidad gay organizada que se haga sentir y que socialice su soledad, sus temores y sus debilidades. No hemos dejado que se manifieste públicamente, les tememos y rechazamos por ser diferentes.

¿Cuántos compañeros y compañeras de nuestro salón se sienten solos, presionados porque son «maricas de armario? ¿Cuántos homofóbicos conviven con nosotros, creyendo que la tierra sólo es para los varones penetradores que no reconocen la belleza de su propio sexo? ¿Cuántos amanerados han tenido que soportar la burla y el desprecio? ¿Cuántas veces hemos sentido temores y dudas sobre nuestra orientación sexual y tememos compartirlo?

Afortunadamente esa visión maniquea esta cambiando en el mundo. Es tiempo de revaluar ese hombre macho, racional y calculador que creó los grandes monstruos de la historia moderna. Se debe superar ese estereotipo que nos han querido vender los medios de comunicación, donde el gay es una especie de andrógeno, delicado, femenino, enfermo, incapaz de amar, de crear, portador de SIDA, etc. En momentos en que la revolución femenina ha tornado liderazgos en muchos espacios del hombre, vale la pena superar esa visión de la sexualidad donde hay buenos o malos. Es tiempo de revisar y reconocer esos espacios de lo femenino y lo masculino que todos poseemos. Y si algo nos ha enseñado este final de siglo, es rescatar la sensibilidad, la honestidad y la franqueza con que los homosexuales están enfrentando la doble moral del mundo.

*Por solicitud del autor se ha mantenido la reserva de su identidad.

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