Una ilusión personal e intransferible

Una ilusión personal e intransferible

El pasado 9 de septiembre se realizó un foro público en Cali sobre la solución de transporte masivo (MIO). “Público” significa que, independientemente de que no todos piensen usarlo, el proyecto en sí tiene un impacto profundo sobre toda la ciudadanía. El foro se anunció con carteles en las calles, avisos de prensa e imagino que incluso a través de anuncios en la radio.

mezaSin embargo, aunque vivo en Cali, la invitación al evento no llegó a mi ciudad.
Para que me enterara, hace 450 años hubiera bastado con que el bobo del pueblo fuera a la plaza de mercado y anunciara a grito herido que se iba a discutir un proyecto financiado con la plata de nuestros impuestos. Sin duda, desde el terrateniente más encopetado hasta el más humilde ratón de panadería se habrían apiñado en la Alcaldía para participar de una decisión de semejante trascendencia. Todos hubieran llegado. Para encontrarla no se necesitaba dar direcciones ya que todos pasaban a diario al frente suyo. La ciudad era la misma para todos.
Sólo los taxistas y los mensajeros pueden usar sus sentidos para experimentar la ciudad en su totalidad, mientras los demás percibimos indirectamente fragmentos de ciudad a través de los medios de comunicación.
300 años después el recurso del bobo ya no habría sido suficiente. Ya había más ciudades dentro del perímetro urbano además de la que giraba alrededor de la plaza de mercado. En ese entonces ya algunas personas además del cura y el alcalde sabrían leer y se podrían fijar carteles en las calles de esas otras ciudades por donde transitaban los que nunca se aparecían por la plaza.

100 años más tarde ya habría tanta gente que sólo la radio combinada con carteles hubiera podido llegar a un público lo suficientemente amplio. Y ni diez bobos gritando al mismo tiempo hubieran podido enterar a toda la ciudadanía del evento. Ya la ciudad era tan grande que había personas que nunca se conocerían entre sí, y habría lugares de la urbe que mucha gente no visitaría en toda su vida. Para ellos ‘su ciudad’ consistiría en las calles y lugares que frecuentaban.

Hoy, 50 años después, no pasamos por las calles lo suficientemente lento como para leer con atención un cartel más pequeño que una valla. Tampoco todos escuchamos radio al mismo tiempo ni en la misma emisora. . La televisión tiene el mismo problema de la radio y quienes sólo ven CityTV o los canales privados se enterarán de los eventos de Bogotá y el exterior, pero rara vez de lo que pasa en su ciudad.

Hoy hay personas que no salen de su barrio, o que trabajan/estudian tan lejos de sus casas que deben atravesarse a diario la ciudad en algún medio de transporte. De esta forma, la gente desarrolla una relación más personal con la ciudad que les pinta la radio del bus o carro, que con las calles que pasan a toda velocidad por las ventanas. La gente transita las mismas calles día tras día, ya que usualmente toma la misma ruta para llegar a los mismos sitios.

Mi conclusión es que, tal vez exceptuando a los mensajeros y los taxistas, los habitantes de la ciudad no la experimentamos en toda su extensión a través de los sentidos, sino que la percibimos indirectamente a través de los medios de comunicación. Las calles, plazas y parques dejaron de ser el escenario en el que nos encontramos y relacionamos unos con otros para ser sólo vías que transitamos de afán. La ciudad se ha convertido entonces en una ilusión personalizada —es única para cada persona—, pues cada quien escoge qué fragmentos de la ciudad integra en su percepción.

Por lo anterior, yo vivo en una ciudad donde no llegan los avisos de prensa ni los carteles pegados en muchas calles. Posiblemente su ciudad no incluya referentes directos distintos de Unicentro, la U, el bar de moda y la vía principal que recorre a diario para volver a su casa. Más allá, dependemos de la calidad y el cubrimiento de los medios para percibir una ciudad que no nos cabe en la cabeza. Por eso ni usted ni yo nos enteramos de en qué consiste el MIO y, mucho menos, de cómo va a afectar nuestras vidas.

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