Una verdad incómoda: La triste cifra de la legua romance

Una verdad incómoda: La triste cifra de la legua romance

una verdad incómoda

 

La triste cifra de la legua romance

 

Le he puesto punto seguido a mi ensayo. Ante la escases de ideas para volver interesante un recorrido histórico de la lengua que hoy utilizo para escribir este artículo y comunicarme con el lector, abro el navegador web y escribo en google: “Importancia de los orígenes del español” las letras azules en medio del blanco total que rodea la pantalla al frente de mis ojos, dicen: “El español ¿Conquista el mundo?”[1] Le doy clic encima: “Este podría ser otro artículo laudatorio de la lengua española. Desde luego, es el activo más importante que tenemos, como así lo demuestra la desapasionada lectura de unas cifras que sólo invitan al optimismo” cierro la pestaña, es más de lo mismo. Dentro de los más de veinte mil resultados que muestra la plataforma de búsqueda, la infinita cantidad de artículos que se encuentran todos hablan de una cosa en común: El Español es importante en términos estadísticos, pero como al inicio de este ensayo resalté, no es la estadística la característica más importante para determinar el éxito – si así se puede llamar – de una lengua, en el deseo de sus hablantes de que se expanda.

No es suficiente para mí leer a Eduardo Lago, director del Instituto Cervantes de Nueva York diciendo: “…la potencia del español está en sus primeros pasos en cuanto a lo que va a ocurrir en el futuro. El español hará realidad el sueño imposible de Simón Bolívar de unir a toda América”. Que somos más de cuatrocientos millones de personas que compartimos una lengua en común, que más de veinte países la utilizan como lengua oficial. Sigo sin sentir nada al leer que es la segunda lengua más hablada a nivel mundial, que es la tercera en tener mayor presencia en internet, que en el mercado editorial equivale a un 5% del ingreso PIB de España. Estados Unidos tiene a Florida como ejemplo de que a su país lo invadimos también, que vamos en crecimiento y que no nos detiene es nadie. ¡Jah! Me río, con ese dolor único que sentimos ante las cosas que sólo a pocos les importa. No se imaginaron los habitantes de Castilla cuando vulgarmente decidieron adaptar la lengua romance para crear una propia y empezar a hablar castellano, que ahorita, en pleno siglo XXI tendrían tantos adeptos, que se enorgullecen de su lengua y que la inflan con ínfulas estadísticas que pueden ser importantes, pero que no son suficientes.

Decir, como lo han hecho la mayoría de los artículos leídos en mi computadora, que ocupar la segunda posición en la clasificación de lenguas de comunicación internacional, o estar en la tercera posición en internet, dan por sí mismas, un estado impecable a una lengua, es igual que sostener que sólo el nivel de audiencia de un canal de televisión, determina su valoración por encima de cualquier otra variable. Sin embargo, no puedo perder el hilo científico -para subjetividades los diarios- dirán ahorita los críticos, así que al lector le tengo en entredicho que también cuantitativamente es debatible la idea de que la lengua que nos enseñaron nuestros padres, está en el más óptimo estado posible. No puedo negar que son datos fundamentales los anteriormente leídos, sin duda alguna, pero existen zonas de debilidad que me preocupan más que el placer que me causan. En la ciencia hace poco el Español fue desestimado como una de las lenguas oficiales de la Oficina de Patentes, en las instituciones de la Unión Europea la lengua tiene la característica de ser subalterna, son dos datos que preocupan, pero no son los únicos. El español en las instituciones europeas no forma parte de sus lenguas efectivas de trabajo y en la actividad diaria tiene tan sólo el 3,2% de comunicación oral y sorprendentemente un 1,2% en la forma escrita.  A propósito dice Manuel Rico: “(…) la situación es aún más preocupante si valoramos que entre las lenguas consideradas en la Unión Europea como más útiles para el desarrollo profesional y personal, el español sea sólo valorado por un 2% de los ciudadanos frente a un 68% del inglés, un 23 % del francés y un 17% del alemán.”[2] Esto equivale a decir que un idioma establecido en más de 20 países de cuatro continentes, cuenta en Europa con un reconocimiento institucional similar al que tienen las lenguas minoritarias como el finés, el flamenco o el polaco.

En la enseñanza del español las estadísticas siempre tan vacías establecen que un 69% de estudiantes aprenden el inglés, un 7% el francés y un 5% el Alemán, a nosotros, que tenemos la óptima cifra de ser la lengua oficial de más de 450 millones de habitantes, nos toca conformarnos con un 6% de los estudiantes que en el mundo quieren aprender Español como alternativa a su lengua natal.

Existe, por tanto, una notable descompensación entre las cifras que aporta mi computador, en sus siempre rápidas búsquedas al mostrarme ya con la risa extinguida, con el dolor transformado en indignación, que entre lo cuantitativo y lo cualitativo la brecha es notoria, nuestra lengua, la más prospera, la que unirá américa, es la misma que cada vez más reduce su presencia en los foros internacionales de mayor nivel científico, tecnológico, literario, de pensamiento, entre otros.

miguel-de-cervantes-by-kenmeyerjrMe queda como consuelo pensar que esta es la misma lengua que usan o usaron Vargas Llosa, Eduardo Galeano o Ricardo Piglia, de Cerati y Silvio Rodriguez o de Pedro Guerra e Ismael Serrano, del diario El País o del colombiano El Tiempo, de Gabriel Garcia Marquez y de Miguel de Cervantes Saavedra, de Jorge Luis Borges o de Julio Cortazar, gozamos de una lengua de una enorme vitalidad, sin duda alguna, que goza de un metabolismo excepcional y de aportes de toda clase de procedencia, pero no por eso se debe caer en la autosatisfacción. Los esfuerzos no deben escatimar recursos, la apertura de una lengua y su enseñanza no sólo garantiza una mejor economía, sino mayor empleo, mayores posibilidades de negocio, de intercambios comerciales, de influencia civil, social, cultura, y literaria.

Al igual que por medio de las guerras en la historia del español sirvieron para expandir un idioma, al igual que la colonización sirvió para revivir un castellano en decadencia ante la imposición a América en general, hoy la guerra se transforma en metáfora para volverse un compromiso propio, de tratar de invadir educativa y literariamente, el deseo de aprehender un idioma tan rico en todo sentido como lo es este.

[1] El español ¿Conquista el mundo? Consultado en línea: http://elpais.com/elpais/2014/04/14/opinion/1397496167_319345.html
[2] Luces y sombras del español en el mundo, Manuel rico. Consultado en línea: http://elpais.com/diario/2011/06/04/opinion/1307138410_850215.html

 

Autor: Juan Sebastián Cubides
Twitter: @Jcubidescs

 

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