Vieja historia de un paranoico

Vieja historia de un paranoico

¡Este personaje literario ha colocado en la palestra pública el cuerpo fiel de este trastorno mental!
A Mojis
En los últimos meses se ha declarado a los cuatro vientos el aniversario número 400 de la singular novela que lleva por nombre Don Quijote de la Mancha y en la prensa no ha faltado uno que otro elogio sobre la historia del hidalgo que se leyó todas la novelas de caballerías, llevándolo a la dulzona pero delirante idea de ser caballero, para restituir sobre la faz de la tierra la vieja orden de la caballería andante.
Esta producción escrita se convertiría en un clásico de la literatura universal, siendo leída y disfrutada por millares de personas; y más de un parroquiano ha quedado sorprendido por la historia de ese hombre normal afectado mentalmente por unos endemoniados libros, a pesar de que Don Quijote de la Mancha es un producto llano de la imaginación. También hay que mencionar que el Quijote es una de las primeras producciones del pensamiento moderno, y de ahí que se celebren sus cuatrocientos años.
Este viejo texto se ha prestado para muchas cosas, que van desde interpretaciones de toda índole hasta simples pero soberbias adaptaciones cinematográficas (El hombre de la Mancha de Arthur Hiller). Pero la vida de este viejo hidalgo, convertido en caballero, también se ha prestado para que la psiquiatría lo postulara como un caso típico de “paranoia”. ¡Este personaje literario ha colocado en la palestra pública el cuerpo fiel de este trastorno mental!

“En esto, descubrieron  treinta o cuarenta molinos de viento que hay  en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero:


– La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta  o poco más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
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– ¿Qué gigantes? – dijo Sancho Panza

Aquellos  que allí ves – respondió su amo –, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas”. 

Tomado de Cervantes Saavedra Miguel. Don Quijote de la Mancha. Edición IV centenario Real Academia Española. Asociación de Academias de Lengua Española. 2005


El episodio de los molinos de viento en la novela de Cervantes,  ha merecido ser catalogado como ejemplo de los mayores “delirios humanos” que se tenga memoria. Menos mal que el Quijote es pura inventiva.  El personaje principal (su nombre verdadero es Alonso Quijano) desarrolla  la idea delirante de convertirse en caballero, y como tal, se lanza en busca de las aventuras, desarrollando comportamientos paranoicos como en el episodio de los molinos de viento, donde entra a justificar su idea delirante dentro de su nuevo oficio como caballero andante, a pesar de que en otros temas o aspectos de la realidad  se muestre como el más discreto y sabio de los mortales, como en el discurso sobre las letras y las armas hecho por Don Quijote antes unos cabreros.

En la mentalidad de Don Quijote sólo cabe la idea de que el mundo necesita de nuevo el oficio de la caballería, idea que justifica a partir de sus concienzudas lecturas sobre lo tocante a este oficio, y por más que intentan rebatirlo y hacerlo volver a su natural juicio, este personaje es capaz de establecer un sistema de pruebas aparentemente irrefutables, con las cuales puede llegar a convencer a personas normales sobre la realidad que argumenta. Así Alonso Quijano se lleva tras de sí a su vecino Sancho Panza como escudero, con la promesa de que le dará el gobierno de una de la tantas ínsulas que en sus aventuras logrará conquistar. ¡Comportamiento paranoico por excelencia!
Pero el mejor homenaje que se puede realizar al autor del Quijote es lanzarse a su lectura, para que cada quien saque sus propias opiniones y conclusiones;  para no  quedar tan sólo con la impresión de que es un viejo paranoico que de la noche a la mañana se armó caballero. Que la vida de este personaje literario encarne un mal de la mente, no es tan peligroso como saber que existen personas de carne y hueso que arrastran tras de sí a pueblos enteros con ideas más descabelladas que las del propio Alonso Quijano.

 

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