Viñetas sobre Gabo

Viñetas sobre Gabo

viñetas sobre gabo

En ese periodo incierto que es el paso de la niñez a la adolescencia, hice uno de los descubrimientos fundamentales de mi vida. En la pequeña, pero sustanciosa, biblioteca familiar me topé un libro sin ningún atractivo externo. Era negro, de tapa dura, y sobre esta y el lomo aparecía escrito en tinta verde el nombre de un autor que no conocía: Gabriel García Márquez. Era una edición de 1976 de Todos los cuentos, que reunía los que conformaban Ojos de perro azul, Los funerales de la Mamá grande y La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada.

Durante un tiempo lo único que hice con el libro fue hojearlo. Miraba la foto en blanco y negro del escritor, el monograma de su nombre en la tapa y el índice de los cuentos. Luego lo volvía a dejar en su lugar y me olvidaba de él. Sin embargo, me atraía como si tuviera un imán, y cada tanto volvía a tenerlo de nuevo en mis manos. Un día cualquiera me aventuré a leerlo.

Comencé por el título que más me llamó la atención: “Eva está dentro de su gato”. No lo entendí, pero recuerdo la fascinación casi febril que sentí al descubrir que uno podía escribir que una mujer estaba dentro de un gato. Me zambullí en la lectura de los demás cuentos. Los devoré con fruición. En ese momento quedó sembrada en mí la semilla de Macondo, que germinó años después tras embeberme las páginas de Cien años de soledad.

Desde entonces considero a Gabo como mi maestro, en sentido figurado, aunque también puedo decir que lo fue en literal. Por cuenta de mi trabajo tuve la fortuna de ser su alumno en dos talleres de crónica y reportaje. En ambas ocasiones lo oí contar docenas de historias y anécdotas sobre el oficio periodístico y su carrera. Uno de los detalles que más me impresionó oír fue que sus primeras regalías las recibió casi al filo de los 50 años. Cegado como estaba de admiración, y con la ingenuidad propia de la juventud, no había pensado nunca en todo lo que tuvo que hacer, toda la mierda que tuvo que comer, antes de alcanzar la gloria.

Recordé este episodio hace poco luego de leer Gabo, memorias de una vida mágica, la excepcional novela gráfica publicada por Rey Naranjo Editores. Una obra que cuenta en viñetas la manera como el niño de Aracataca se convirtió en uno de los escritores más importantes del mundo. Cuadro a cuadro se revela la historia personal de Gabo, la manera como la transmutó en literatura, y la estrechez y las penurias que aguantó en diferentes momentos de su carrera. En Barranquilla, por ejemplo, durmió en parques y vivió en el barrio de las prostitutas; y en París, mientras hacía El coronel no tiene quién le escriba, recogió periódicos y botellas para conseguir con qué comer. Gabo cumplirá 86 años en marzo. Ya está más allá del bien y del mal. Leer la novela gráfica de su vida es un placer porque permite redescubrir al ser humano que, dotado de un talento excepcional y una vocación a toda prueba, trabajó sin tregua en relatos que hechizaron de una vez y para siempre a millones de lectores en todo el planeta.

 

Autor: Andrés Grillo
Twitter: @grillopez

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