¿Vivir de la política o vivir para la política?

¿Vivir de la política o vivir para la política?

kitConsidero que quienes escribimos para el público tenemos una responsabilidad muy grande con la sociedad. Con nuestros escritos debemos sentar las bases para generar un cambio de actitud de los ciudadanos respecto a actitudes que atentan contra el bienestar de dicha sociedad. Este será un intento por lograrlo.

Definitivamente estoy convencido de que a través de la política se toman gran parte de las decisiones que nos afectan a todos de una u otra manera, para bien o para mal, nos guste o no nos guste, nos hagamos los pendejos o no. Por ello, cuanto más nos distanciemos de la política más lejos estaremos de contribuir en la construcción de un mejor presente y en el labrado de un mejor camino para nuestro futuro y el de nuestros descendientes. Lastimosamente, hay que reconocerlo, muchos de nuestros políticos nacionales, regionales y locales tienen un concepto errado de la política; la ejercen con fines politiqueros pues creen que ella constituye un fin en sí mismo, es decir, sus vergonzosos deseos de poder y grandeza individual solo para darle alimento a su ego sin límites, los llevan a utilizar el poder para su propio beneficio, sin darse cuenta de que la política debe ser un medio para la transformación social que vienen reclamando desde hace décadas cientos de colombianos. Los politiqueros no han captado que el interés general tiene que primar sobre el particular, como afirma sabiamente nuestra Constitución. Los verdaderos políticos deben tener claro que el poder que detentan debe encaminarse a hacer que nuestra sociedad cada vez esté mejor y no al contrario.

Los políticos no pueden seguir viviendo DE la política, tienen que vivir PARA la política. Claro que, aunque duela un poco decirlo, muchos ciudadanos con sus actos u omisiones son cómplices y responsables de la vigencia política de algunos personajes que viven DE la política.

Necesitamos grandes transformaciones, ya lo dije, pero ellas solo serán posibles si los ciudadanos nos tomamos en serio la participación ciudadana, si con nuestros actos no le damos la razón a Edmund Burke cuando afirma que: “los políticos corruptos son elegidos por ciudadanos honestos que no votan”. Si al momento de elegir escogemos a políticos que tienen un verdadero proyecto de transformación, no a aquel que nos da un mercado, un bulto de cemento, unas papeletas de bazuco, unos billeticos o un empleo, la esperanza para muchos volverá a florecer. En fin, sólo si nos damos cuenta de lo poderoso que puede llegar a ser nuestro cambio de actitud individual, seremos capaces de elegir buenos gobernantes y, en consecuencia, nuestra calidad de vida mejorará, tendremos mayores oportunidades y lograremos condiciones de existencia mucho más altas.

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A partir de esta columna dedicaré unos reglones a dar un consejo gramatical que pueda serle útil a nuestros lectores en su práctica diaria del lenguaje. Aquí va.

Una prueba para comprobar si el binomio “de + que” está bien usado y no incurrir en el horroroso dequeismo, es convirtiendo la oración que genera duda en forma de pregunta. Ejemplo: Estoy convencido de que estás enojado. ¿De qué estoy convencido? Inmediatamente nos percatamos que si la frase no tuviera el DE no tendría sentido.

Para más información, visita www.juanfernandoreyes.com

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