Y cuando no, asusta: Lo bueno y lo malo de la economía.

Y cuando no, asusta: Lo bueno y lo malo de la economía.

Economía

En este mundo, todo es un equilibrio y cuando no, asusta. Hay gente que dice que el bien y el mal y el rico y el pobre siempre se van a encontrar y que hay fuerzas que los unen, como el  ying yang, como si ese fuera el chiste del mundo.

La Economía nos enseña a tener un pensamiento profundo, a ver más allá de nuestra nariz y a entender que todo, realmente, puede tener consecuencias.

Uno diría: “¿Por qué no hay equidad en el mundo, si resulta tan fácil compartir una pizza?”; pero, el asunto va más allá, porque todo es parte de un sistema hecho de pequeñas piezas interrelacionadas y la Economía es un tema más complejo de lo que imaginamos.

Por ejemplo, el Socialismo: aquel sueño clásico innegablemente ligado al derecho a la igualdad y aparentemente, tan justo y práctico. Resulta que el ser humano es interesado y pierde incentivos con un “pago” (si se le puede llamar así) constante del Gobierno porque, digamos la verdad, ¿Para qué esforzarse más por el mismo “ingreso”? (que normalmente es mísero).

Este pensamiento, junto a una sensación de estancamiento y frustración, son los principales enemigos del Socialismo y del Comunismo; de esa, que es “la economía ideal y más justa”, de lo que todos buscan.

Agregándole que, normalmente, los líderes de estos modelos económicos viven en condiciones infinitamente mejores que las del pueblo que los elige (y hasta defiende) ¡Pues sólo son políticos!

Entonces ¿qué pasa en los países socialistas o comunistas? La falta de motivación de los trabajadores se empieza a reflejar en su escasa productividad. Estas personas sin sueños y conscientes de que nunca van a progresar, se podría decir, ni siquiera son buen negocio para el Gobierno.

Ahora, nosotros; que practicamos el corrupto capitalismo, que somos testigos de la globalización; una “maravilla” movida por una fuerza casi sobrenatural, la cual nos impulsa a comprar cada vez más y más cosas.

De donde venimos, de ese estado primario del hombre y sus necesidades básicas, nos hemos convertido en consumidores caprichosos. Atrás quedaron los tiempos de dormir y comer, hoy somos más complicados de lo que nuestra propia naturaleza comprende.

Amigo entrañable de la globalización: El mercadeo, un ángel y un demonio, el “arte” de tergiversar las necesidades biológicas y confundirlas con las  imaginarias. Por otro lado, el hombre, por naturaleza comerciante; que hoy “agradece” este punto, en que tenemos el “privilegio” de encontrar a los cinco continentes integrados en un sólo producto, por ejemplo.

El mundo busca ir a un mismo ritmo. La globalización obtiene un poco de cada rincón para avanzar y el país que pretenda aislarse, probablemente colapse.

 

 

Autor: Lorena Arana
Twitter: @AranitaArepita
LORENA ARANA

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