¿Y después de la paz qué?

¿Y después de la paz qué?

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Estoy seguro que hay muchas versiones para responder a esa pregunta. En este caso tan puntiagudo es difícil pintar un escenario común en el imaginario colectivo de los involucrados, es decir, cada ciudadano y habitante de esta nación. Levanto entonces la mano para ser el sapo que cuente la suya y me subo así al bus de los que quieren capitalizar “La Paz”.

El día después de la firma del acuerdo entre el gobierno colombiano y las FARC todo será igual. El noticiero de las 6AM abrirá con las imágenes del gran suceso que cambiaría la historia de Colombia; se harán análisis, entrevistas, informes especiales y por supuesto—como para no salir de lo trillado— un “vox pop” (si no entiende pregúntele a su comunicador social de confianza). Los presentadores llevarán una banderita de Colombia en el pecho y hasta veo venir el cierre de la emisión con el Himno Nacional. Pero a excepción de eso que se verá tan bonito, todo será igual.

En Colombia creemos que las FARC son el único problema que hay o que el llamado Secretariado comanda la entera voluntad de esa organización. La firma del acuerdo solo nos va a servir para darnos cuenta de una realidad que escondemos a punta de carnavales y de ser (dizque) uno de los países más alegres del mundo. Con la firma quedará en evidencia  que este es un pueblo violento, clasista y con pocos valores comunitarios.

Firmada la materializada paz nos miraremos los unos a nosotros sin entender por qué seguimos en las mismas. Prenderemos las noticias que con célebre tono anunciaron el fin de la guerra y habrán regresado a un país que se sigue matando por defender opiniones, por un plato de arroz o por simplemente demostrar quién es el más fuerte.

La etapa del proceso que llega con el acuerdo de paz no es fácil. El posconflicto, según han mostrado sociedades en el mundo que ya pasaron por ahí, es una faceta de inestabilidad donde es necesario reconsiderar la forma de actuar y pensar del pueblo que se intenta sanar. Será además una etapa sumamente costosa; su financiación está prevista para ser cubierta por el Fondo Multidonante de Paz y Posconflicto (liderado porel Banco Mundial, Suecia y las Naciones Unidas); además, un fondo de aporte solidario de la empresa privada —aún está en veremos— y los dineros del Estado colombiano, así que preparémonos pues se creará uno que otro impuesto.

Será mucho dinero, pero también necesitaremos paciencia pues de aquí en adelante nos esperan entre 10 y 20 años de trabajo e inversión para reconstruir el tejido social de nuestro país. Sin embargo, el requisito principal será la voluntad de los colombianos para crear paz en cada uno de los escenarios de su vida. Entendamos que no han sido solo los fusiles o los cilindros bomba los que nos llevaron a vivir una guerra civil de 67 años; cada uno de nosotros desde nuestra intolerancia, individualismo e indiferencia alimentamos el cáncer de la violencia.

En esta guerra todos fuimos víctimas; no seamos tímidos al reconocerlo ni arrogantes al ofrecer perdón. La firma del acuerdo en La Habana es tan solo una excusa para que finalmente los colombianos nos reconciliemos y empoderemos de la paz.

 

@felipe_guevara

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