Y el griego me dijo: “Colombia is a name that is scary”

Y el griego me dijo: “Colombia is a name that is scary”

 

Imagen tomada de: http://img10.deviantart.net/e106/i/2007/042/3/8/colombian_druglord_by_originalnilson.jpg

Imagen tomada de: http://img10.deviantart.net/e106/i/2007/042/3/8/colombian_druglord_by_originalnilson.jpg

Las noticias, series, productos visuales de nuestro país que siendo francos no son las mejores estampas para vender un terreno de paz y esperanza (como algunos con más ambición que razón nos quieren plantear) han sido las creadoras de la imagen que en el mundo cargamos los que nacimos en este júbilo inmortal. Ahora, tampoco es que llegas a un país e inmediatamente la gente a tu alrededor se esconde al ver tu pasaporte o huye cuando se te sale un “parce” o un diminutivo muy particular de nosotros, lo que sí te sucede son historias diferentes, como la mía en un restaurante griego o de alguna de esas tierras que tienen tan buena comida, en la ciudad de San Francisco.

La historia es muy corta, pero me dejó pensando toda la noche si fue una ofensa contra mi país, si debía ir al consulado más cercano y poner la queja formal, si solamente debía mentarle la madre al griego/gringo o reírme con él buscándole sentido a lo que me dijo, de una forma muy política, como hice (tanto comercial de político corrupto me ha dado cierta ventaja para manejar las cosas).

San Francisco en los Estados Unidos está lleno de gente particular. Es una ciudad marcada por las diferencias en donde mires y hay una tasa multicultural impresionante de personas que está por doquier, intentando tener vidas dignas. Entre esos me encontraba yo, que un día cuando el hambre no dejaba que mis neuronas pensaran más y el cambio horario me decía que era de día a las 8 de la noche y ya tenía que comer, fui a un restaurante griego (o marroquí o árabe o de alguno de esos países por esos lados) donde me atendió un tipo con cara de bonachón.

Al momento de hacer mi orden, el tipo me consultó (por mi obvio acento latino) de dónde era y le dije por supuesto, que de esta hermosa patria; su respuesta fue tan particular como su comida: “¿Colombia?…uhh is a name that is scary but, don’t change it.” Seguido de risas, como dirían las mamás, “socarronas”. Seguí hablando con el señor y me decía que nuestro país tiene un nombre de respeto (mal ganado o bien ganado, dependiendo de la perspectiva con que se mire) y que en su amplia experiencia en América, era esto un punto a favor de los inmigrantes porque se les trata con cierto cuidado especial en ciertos lugares. Que no tratara de cambiar eso.

Tal vez creía que yo iba a hablar con traficantes, o tal vez me estaba informando que en las más altas esferas iba a ser respetado como el chico malo “cool” que hay que tener de amigo, no lo sé.

Esa frase bastó para que me dejara pensando en la forma en que consciente o inconscientemente la televisión nos vende a todos sin excepción fuera del país. Lo particular es que ya no somos el país de las drogas solamente, ahora somos los de las muñecas, el del Capo, el de la muerte de Andrés, el de Diomedes y el de todo lo que se va mostrando desde acá.  La buena noticia, tenemos un impacto mediático impresionante en los Estados Unidos, están pendientes de nosotros para ver qué mostramos.

Yo lejos de ser un analista de mercados o de contenidos, estoy firmemente convencido ahora, que estamos en el mejor momento de cambiar de forma rápida, todo tipo de estigmas que los ochentas y noventas dejaron marcados en nuestro pasaporte. Y sí, tenemos mil cosas que internamente no han cambiado, pero como les dicen a las personas cuando quieren conseguir un empleo nuevo: No nos vistamos con lo que tenemos sino más bien vistámonos para el país que queremos tener.

 

Escrito por Juan David Garzón  @Juandescribe

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