Yo, el periodismo: La voz de la democracia

Yo, el periodismo: La voz de la democracia

yo el periodismo

Soy omnipotente y omnisciente. No logro con exactitud darle al lector mi edad verdadera, pero puedo decirle que desde la invención de la escritura y el habla, he sido fiel poseedor de la información. Mi mayor objetivo en la larga vida que he tenido que soportar, ha sido darle a conocer a la sociedad por medio de algunos devotos, la veracidad de las cosas que intentan esconder algunas personas en lugares recónditos que este esférico planeta lastimosamente detenta.

Puedo parecerle señor lector un poco orgulloso y egocéntrico, ante los calificativos sobresalientes que me doy, pero se equivoca en su afán por juzgarme. Tendré que aceptar humildemente, que me he tenido que ausentar durante varios períodos históricos, algunas veces ante mí personalidad escurridiza y corruptible, he abandonado varios países. Un recuerdo rápido que se me viene a la cabeza, fue cuando me marché de Alemania en la segunda guerra mundial, quedé oculto porque las personas que sabían comunicarse conmigo, fueron asesinadas y otros olvidaron mi lengua.

Quiero que sepa el lector que tengo una amiga llamada Democracia, ella en sus momentos más difíciles, e incluso en sus planes más comunes, continuamente me necesita. Aquellas mañanas en las que por medio de algún artificioso engaño logran hacer que me pierda en el camino que me lleva a encontrarme con ella, su cuerpo pierde belleza, de repente deja de tener ideas claras en sus proyectos, de darle a las personas que confían en ella su retribución justa. El no poder contarme sus mayores defectos un día cualquiera, que suelen ser frecuentes en mi ausencia, hacen que se empiece a embriagar con vasos de poder, se inventa algún instrumento técnico para ganar más dinero en su trabajo del que debería, le da la posibilidad a algunos corruptos que hablan de ella cosas bellas, de que la manoseen y la escupan. De repente tan altiva ella, llega a tal grado de humillación, que termina haciendo incluso peligrar mi intención de vivir eternamente.

Su trabajo consiste en mantener la soberanía del pueblo y el derecho de los mismos para poder elegir a los gobernantes que tomarán decisiones por ellos. En el vaivén de su función, somos más unidos que nunca. Democracia y yo, cogidos de la mano, unidos por lazos de algunos vaqueros rudísimos que han tenido que luchar incansablemente contra nuestra archienemiga la Corrupción, parecemos realmente felices, entre más cercanos estamos, más la población que visitamos viven mejor.

Yo, el Periodismo, declaro que nos necesitamos. Los poderosos intentan separarnos, en medio de su avaricia exagerada, me han intentado asesinar continuamente por medio de la Corrupción, y yo a su vez la desmantelo, la busco, la desnudo hasta dejarla agotada y acabada. El medio es lo importante, los vaqueros son mis más fieles amigos, ellos como sombrero, tienen su inteligencia, sus ojos reflejan curiosidad pura, las manos las usan para leerme y hablarme, y cómo pistola en medio de la gran variedad de armamento que ostentan, tienen esferos, lápices, cámaras, vídeos o su voz. En un país como Colombia se arriesgan continuamente, quedan quizás algunos pocos en pie, aquellos que no han sido capturados aún por Corrupción o asesinados, sonríen en sus casas ante la pregunta: ¿Ha muerto el periodismo? Y con tranquilidad, y su traje bien puesto, contestan que no, que aún vivo.

 

Autor: Juan Sebastián Cubides
Twitter: @Jcubidescs

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