Yo no marcho porque me da “boleta”

Yo no marcho porque me da “boleta”

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Sé que más de uno con tan sólo leer el título ya me va a tildar de “loca reprimida”, “closetera”, “marica payasa” y los más condescendientes dirán que la discriminación empieza por personas como yo, pero no es así.

El domingo se celebró la marcha del orgullo, una caminata en la que la comunidad LGBTI no sólo celebra el ser diferente, sino que, en palabras de muchos, busca ser reconocida. Buscamos que el Gobierno y la sociedad se den cuenta de que los gais existimos, y no sólo eso, que somos humanos y tenemos derechos. Hasta ahí todo bien, ¡claro que queremos igualdad!, respeto, tolerancia y demás; de hecho, en un principio consideré una buena idea ir y acompañar, junto a mi novio, a “mi comunidad” pero luego, viendo las fotos que tomaron mis amigos, lo que relataron y echándole una miradita a los vídeos de marchas anteriores en los que veía gente semidesnuda, borracha e incluso, teniendo sexo en las carrozas, me pregunté:

¿Vale la pena boletearse de esa forma?

Para mí los conceptos de respeto son básicos, y uno no puede pedir ser respetado si no fomenta en los demás esa consideración. Una amiga me dijo que fue, no a marchar, sino a apoyar la causa con sus hijos, en donde desde un lado de la acera pretendían verla mientras ella, con la mayor de la madurez, le explicaba a los niños sobre las diversidades sexuales: qué es un gay, qué es una lesbiana, qué es un transexual y sobre todo, por qué hay que respetarnos y tratarnos con igualdad. Maravilloso me pareció, una muy buena iniciativa de parte de un padre heterosexual que desea contribuir al respeto y formar personas que el día de mañana, tratarán a los demás con tolerancia e igualdad, pero después de un rato de me dice:

“Mira, yo tenía la mejor de las intenciones, bien sabes que homofóbica no soy, pero me es imposible explicarle a mi niña de 9 años cómo los gais son personas decentes y confiables cuando están con la tetas por fuera, manoseándose el paquete los unos a los otros, borrachos sobre una carroza y otros tantos fumando marihuana mientras van caminando”.

¿Qué más podía decir yo? ¿Altercar, contradecirla, enojarme? Ni siquiera podía usar el argumento de que no se debe generalizar a todos por unos cuantos porque esa marcha es, supuestamente, una representación de todo un colectivo que busca ser reconocido como parte de la sociedad y dejar de lado estigmas, etiquetas y calificativos mal utilizados con el fin de discriminar y juzgar.

El problema radica en que nosotros mismos no somos conscientes del pésimo comportamiento que podemos tener, o que pueden tener (porque yo me considero muy en mi sitio) y por ende, la mala imagen que dan.  Y señores, éste sí es un caso de generalización. Acá no estamos hablando de ademanes afeminados o de conceptos mal utilizados sobre los roles sexuales, acá estamos hablando de que uno no puede salir a pedir tolerancia con las ‘güevas’ por fuera y besuqueándose a todo aquél que orine parado.

Tengo que aclarar que mi pensamiento no compromete, en lo más mínimo al sitio donde trabajo, ni a su ideología; sólo es una opinión muy personal, porque así como muchos son libres de salir semidesnudos a pavonear su cuerpo, yo soy libre de salir a decir por qué no estoy de acuerdo.
Es triste que tenga que hacer ésta aclaración por miedo a que mi propia comunidad salga a juzgarme por mi forma de pensar, porque muchos con esa actitud de “mala de novela que hace el mal y se siente orgullosa de ello”, busque afectarme laboral o personalmente por no estar de acuerdo con un comportamiento bastante reprochable.

Recuerden que no se debe confundir liberalismo con libertinaje, hay que ser muy preciso y cuidadoso para no pasar esa línea tan delgada. Y por último, quiero aclarar que esto no encierra a todos los asistentes a la marcha, porque había muchos que tuvieron un comportamiento ideal y que tenían en mente una ideología firme y respetuosa, pero lamentablemente, en el país del Divino Niño, justos pagan por pecadores y los actos cuestionables tienden a ser más notorios que aquellos admirables y respetables.

 

Escrito por Yamil Chuaire  @JameelSchuaire

 

Debido al debate que se generó por parte de nuestros colaboradores, les dejamos la entrada de Óscar García “Yo marché y no me dio me da boleta”:
http://elclavo.com/articulos/opinion/yo-marche-y-no-me-dio-boleta/

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