Caliwood también es un museo, Semanario 53

Caliwood también es un museo, Semanario 53

Museo Caliwood

Museo Caliwood

Un museo dedicado a la historia de la cinematografía era un espacio que una ciudad que se precia de ser meca del cine no podía no tener. Así, hace unos 9 años, Hugo Suárez Fiat entendió la necesidad imperiosa de levantar uno cuanto antes. Esas buenas intenciones se materializaron, en Calliwood, el primer museo dedicado a la pasión del celuloide en el país.

Sobre la entrada uno se sorprende por la estampa de Jar Jar Binks, personaje de La guerra de las galaxias, una obra restaurada por diseñadora Lina Durán, quien empleó un buen tiempo en devolverla a un estado presentable. Es el tipo de figuras que uno se espera encontrar en un museo dedicado al cine, aunque vale la pena aclarar que Calliwood tiene una colección enfatizada en al apartado tecnológico.

Caliwood, el museo,  tiene varios espacios de colección, de fotografía y filmografía. A simple vista resalta el DVD de la época, el proyector Pathé Baby, lo que utilizaban en los años 20 a manera de cine casero, para los pocos que podían pagarlo. Tal vez una de la reflexiones inmediatas que se pueden hacer respecto a este recorrido es cómo se ha democratizado el uso de estás tecnologías en nuestros días. Al ver estos aparatos, muchas veces con dimensiones parecidas a los de una habitación entera de los diminutos apartamentos contemporáneos, podemos entender el afán de condensación de una civilización digital.

En el espacio contiguo hay una serie de máquinas proyectoras. Máquinas a partir de 1930, con encendido de arco voltaico, que funcionaban con lápices de carbono, gracias a un principio similar al de la soldadura eléctrica. En la India aún se utilizan, por una suerte de necesidad romántica (y financiera).  Acá no andamos muy lejos, pero la renovación eventual a la que han sido sometidos los teatros ha dejado un remanente que Calliwood ha sabido capitalizar.

Así como los egiptólogos viven coleccionar el inventario enterrado de una sociedad muerta, los museólogos de la era digital hacen lo mismo con instituciones desaparecidas: Los proyectores que donó el antiguo cine-bar Palos de Moguer son parte de una colección bastante variada, que contiene, además, las máquinas que se usaron para proyectar películas de toda rala en diferentes teatros de la ciudad, y en el resto del Valle, incluyendo algunas que bajaron desde Bogotá.

En una esquina se sostiene un proyector marca Philips, empresa que aún surte el mercado con aparatos que cumplen el mismo fin, ahora con surround. Hay suficientes como para poder apreciar una evolución lineal en estos artefactos, dándole un toque didáctico, que una mente afinada podrá apreciar sin guía.

Muchas de estas máquinas funcionan a 220, el voltaje europeo, por lo que no se pueden encender sin un adaptador. Son piezas de museo, entonces. Para las que tienen arreglo existe un restaurador, un tipo de profesional infaltable en cualquier museo organizado.

Por supuesto, hay varios muros dedicados a los afiches originales de clásicos de cine criollo. Desde los 45 minutos de fama de “El gordo Benjumea” hasta nuestros afortunados contemporáneos beneficiario del FDC. Entre todos los afiches, originales por demás, llama la atención el de la película protagonizada por Emeterio y Felipe, Los tolimenses, bajo el título de Amenaza nuclear, dando testimonio de algún apartado en el tiempo-espacio donde el par de comediantes interpretan a super-agentes, cuya misión consiste en salvar al mundo del desdoblamiento del uranio.

Alguien que esté con la cinta de la imagen y los aparatos que la capturan pasaría un rato largo en cada rincón de este museo, detallando cada cosa, porque la cantidad lo permite. Es notable como han logrado condensar tantos años de innovaciones, tal número de escuelas de diseño y momentos clave de la cinematografía mundial en un espacio limitado.

Hugo Suárez Fiat, su fundador, explica que ha tenido que valerse de recursos privados para financiar una plataforma de exposición con esta. La secretaría de cultura no se ha aparecido por el lugar. A pesar de que las últimas administraciones han anunciado un plan estratégico para fomentar la cultura del cine como estereotipo alternativo para la buena imagen de Cali.

El año próximo se espera construir una sala de proyecciones, en donde seguramente se podrán apreciar cintas que han esperado décadas para poder iluminar una pared de nuevo. Es muy probable que podamos ver cómo se veía ese pixel prehistórico, el grano en la pantalla, solo por curiosidad ocular. Un regalo vintage en la era del no-pasado, no-memoria.

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