Hagamos memoria, Semanario 51

Hagamos memoria, Semanario 51

Pasar la infancia trabajando en los buses, para sobrevivir. Algo que todos tenemos en la memoria

Pasar la infancia trabajando en los buses, para sobrevivir. Algo que todos tenemos en la memoria

Memoria Visible es un  archivo en línea cuya intensión primaria es acumular memoria urbana sobre la ciudad, su gente, sus calles, sus instituciones. La gran cantidad de elementos constitutivos de las ciudades que se quedan por fuera de los registros es preocupante, sobre todo en una ciudad multicultural, pluri-étnica, cuyas dinámicas de vida, sustancia y eventos muchas veces no encuentran eco en los medios. Vinci Andrés Belalcázar, director y fundador, tiene claro que el norte es la naturaleza digital de la idea, su desprendimiento de las lógicas de productividad y las obligaciones financieras de otros medios.

EC: ¿Memoria visible es un proyecto de reconstrucción histórica o mantiene una línea más abierta?

Vinci Andrés Belalcázar: No es un proyecto de Reconstrucción histórica, es un archivo en línea que se nutre de contenidos que están desperdigados por la web y de producción propia. Son contenidos de interés histórico algunos y otros son simplemente de interés personal. El archivo pretende contar un territorio y un tiempo, la selección de los elementos que lo componen tiene un origen completamente subjetivo. Digamos que la línea editorial es caprichosa y tiene mucho que ver con lo que a mi me interesa de la ciudad.

EC: ¿Cuándo empezó en serio el proyecto?

VAB: Yo soy de la generación a la que le prometieron que internet iba a ser una revolución del conocimiento. Cuando llegué a la universidad me encontré con que las noticias mostraban avances y proyectos maravillosos en Europa o EU, pero nuestra escuela de comunicación seguía sin darse cuenta del potencial de internet. Allí no había un interés en hacer sino en teorizar sobre el impacto de su implementación… yo, por el contrario, quería sencillamente hacer memoria. Poner cosas a circular, experimentar con el asunto… resultó bastante difícil, porque los profesores sencillamente no estaban preparados para inquietudes como la mía, que se iban multiplicando en la universidad. Apenas ahora se hacen esfuerzos para entrar a trabajar en ese campo. Estoy diciendo que desde el año 2004 hasta el 2012, la universidad no tenía profesores que trabajaran realmente la materia, ni mostró un interés real en tenerlos.

EC: Al estar involucrados tantos estudiantes, ¿existió un apoyo de la universidad?

VAB: Sí  nos “apoyaron”, aunque fuera un apoyo insuficiente. Cuando en el 2006 intentamos crear una página para hacer difusión de los trabajos de los estudiantes de comunicación. Esa iniciativa tuvo muchas dificultades. No teníamos un tutor adecuado, con los conocimientos y, sobre todo, el tiempo. Tuvimos que aprender y hacerlo tropezando con cosas elementales. El proceso fue tan duro, sobre todo en lo técnico, que no pasó del lanzamiento. Ya en el 2008, sin el equipo que habíamos formado en la universidad, empecé a trabajar en lo que sería Memoria Visible.

La ciudad pasa por la ventanilla. A veces parece que es ella la que se mueve y no uno.

La ciudad pasa por la ventanilla. A veces parece que es ella la que se mueve y no uno.

EC: ¿Cuál fue la primera versión?

VAB: La primera versión verdaderamente funcional estuvo en línea a finales del 2009, pero con pocos contenidos. Creo que fue en el 2010 que empezó a tener su forma definitiva y a crecer en contenido.

EC: ¿Piensan incluir ficción, otro tipo de contenidos?

VAB: Ahora mismo la página tiene gran cantidad de contenidos producidos por fuera del proyecto. Mi intención es nivelar la balanza, producir material documental y de ficción pensado específicamente para la página. Generar contenidos en colaboración con otras personas. Un ejemplo es el video que realizamos con Fabricio Pérez sobre el barrio Alto Menga, en el sector Colinas del Norte. Le apostamos a continuar el trabajo de contar los barrios de la ciudad, pero no sólo como paisaje, queremos que se vean los rostros y se escuchen las voces de sus habitantes. Que nos cuenten quiénes son. Pero no queremos quedarnos sólo en el documental audiovisual, queremos aprovechar todos los formatos y jugar con los géneros.

EC: ¿Cómo será Memoria Visible en un futuro?

VAB: Yo veo Memoria Visible como un proyecto para toda la vida. No tengo los afanes editoriales de otros medios. No somos un medio. No pagamos por contenidos. No tenemos una plantilla fija de colaboradores, sino gente que pasa y hace lo que puede por el proyecto.

EC: ¿Eso supone una ventaja?

VAB: Me parece que tengo esa ventaja. No estamos obligados a subir cosas nuevas a diario, ni nos interesa publicar contenidos que al día siguiente no tendrán ningún interés.

EC: ¿Piensan verlo como un negocio alguna vez?

VAB: Memoria Visible no es un negocio y eso permite que no se le apliquen las nefastas lógicas de productividad que han deformado otros proyectos.

¿Para quién se hacen los grafitis? Si ya los hemos visto más de tres veces, les podemos dar la espalda.

¿Para quién se hacen los grafitis? Si ya los hemos visto más de tres veces, les podemos dar la espalda.

Créditos de las fotos: Vinci Andrés Belalcázar

Para quienes me conocen. O creen. ¿Cuál es la diferencia de estos momentos en los que vivo hoy, con aquellos en mi juventud en los que solo quería vivir solo y lejos de mis padres? Esa necesidad que siento de pensar que todo esto que escribí alguna vez va a ser leído por alguien que, sin poder hacer ya nada, se puede solidarizar con una lucha muerta para los demás y estéril para mí.

Es estéril, porque el perdido el deseo de… casi siempre estoy en medio de esta tristeza anatómica, que no se amolda a la forma de nada ni sigue un proceso de putrefacción normal. No. Estoy más sano que nunca. Mis pulmones están llenos de una leche incolora que aísla el alquitrán y los buenos cancerígenos. Eso lo desanima a uno a la hora de pegarse un tiro y dejar para después cada cosa que uno pueda pensar, para dejar atrás esta situación en la que no hay dependencias físicas por parte de la memoria. Como si los recuerdos se alojaran en el alma y el alma no fuera cotra osa que un estado cuántico, provocado por una serie de comandos, insertados en el core del cuerpo, uno que se instaló automáticamente al vernos un capítulo del Boletín del Consumidor.

Si pudiera sobrevivir al mundo caqui de las animaciones noventeras de instituciones de personería, si pudiera sobrevivir a un mundo corporativo, al que no he entrado, y colocar de mí para poder sacar estos momentos de animosidad del vientre. Y expresarlos en acciones. Y mostrárselos a alguien. ¿Podré compartir mis fantasías? ¿No debería empezar a planear mi muerte?

Voy a construir una historia perfecta. Voy a ir presentando un cuadro de dolores abdominales, sangrados soportados por narraciones espectaculares: “No, hombre, si debe ser una gastritis normal” Dejar planteado con anterioridad que tengo una serie de dificultades en mi aparato digestivo, unas que seguramente no voy a poner en consideración de un médico, hasta que sea demasiado tarde. ¿Cómo escapar del cuidado postrero de mis familiares? El cáncer es perfecto: es definitivo, incontestable y es común que algunas personas se resistan a un tratamiento. Personas como yo. Nadie va a sospechar nada. Mi madre, ligada al sistema de salud regional, va a mover cielo y tierra por salvarme. Tengo que dejar claro que sufro de un diagnóstico definitivo. Que ya hay una metástasis descontrolada y que he decidido morir lejos de casa, reservándome el derecho a que no me vean desfallecer.

La historia debe proveerme de casos similares. No aspiro a nada más con esto que establecer un estado del arte de experiencias de hombres como yo. Hay miles, hubo millones. Nacimos uno tras otro. Y morimos en silencio sin que nadie supiera exactamente por qué. Nunca le dijimos a nadie. Los últimos meses, como un destino compartido por una secta de suicidas discretos. Estos tipos, procuran cumplir con sus obligaciones laborales previas a la partida. No quieren llamar la atención en esos últimos días, aunque se mueren de ganas. Pero ellos no deberían gritar para ser notados: Esperan a que los demás los noten, para lo que se requerirá de un gran esfuerzo, ya que se esconden muy bien. No se muestran, odian la compañía, pero secretamente buscan exponer sus acciones. El egoísmo primordial de este tipo de sujetos siempre los sorprende, ya que son los únicos que están totalmente enterados de él. Este solipsismo no significa nada más que pereza. Compartir supone un esfuerzo físico tremendo. Escribir esto, pro ejemplo, me está matando. Camino sobre el teclado con piedras en los zapatos.  Entonces trato de mentalizarme, no por haber cedido mis pretensiones, sino por un mero hastío laboral.

Gustavo Meyer fue el primero de los jefes vikingos que me visitó. Era el fundador del instituto Meyer. Entidad encargada de promover la cultura noruega en Colombia. Era un reconocido cacorro. Es una suerte absoluta el que no haya sido demandado por acoso.

¿Cuánto más va a durar esta jornada? Nunca, desde lo que llevo aquí, algo había sido tan tedioso. Por fortuna, hablando del momento que vivo, creo que es el momento perfecto para matarme. Necesito que mi hermana regrese, en el acto, de ser posible. Quiero despedirme de ella y necesito que mis padres no se queden solos. Tiene otros dos hijos. Suficientes para un padre promedio. Eso de ser el primogénito no es más que un accidente matemático. Si muero, la mayor será mi hermana y listo. Nada más para decir.

Aunque uno cree que tras su muere mucha gente va a estar dándose puñaladas por todo lo que te van a extrañar, la verdad es que en pocos días todos lo superan. Siguen pagando sus créditos y uno sigue no existiendo. Y eso es todo. Por fortuna, porque al saberlo se me acaba esa certeza idiota de que la vergüenza me va a sobrevivir.

¿Cuántos más estarán en mi misma situación? No hablo de depresiones corrientes. No. Me refiero con precisión a esos hombres que han calculado matemáticamente su imposibilidad para vivir. Sobre todo al llegar a la etapa adulta. No están propiamente tristes, todo lo contrario, les emociona la idea de irse ya de este planeta, o mejor, pasar a ser parte constitutiva de sus cimientes orgánicas. Hay más de uno que está viviendo horas de más, cuando sus proteínas a deberían estar integrándose a la capa vegetal: Si usted quiere que su árbol de mango dé frutos grandes y constantes, siémbrelo sobre un cadáver. Preferiblemente el suyo.

¿Qué podrá convencerme de no morir? Jmmm. Ya había sido presa de estas epifanías en el pasado. De repente un golpe de suerte hormonal me daba ánimos. En resumen, que se me iba de la cabeza la idea del suicidio. Todo porque sufría de una inyección de ánimo, que seguramente era de origen hormonal. Las hormonas pueden seguir un cauce psicotrópico, lo cuál, en últimas, ya no agradezco. Me alejan de mi destino racional, anulando mis sanos pensamientos autodestructivos, dándome unas cuantas horas de bienestar impostado. ¿En qué consiste esto? Bien, se trata de un perro espiritual, uno que se inventaron en un circo de escritores, de esos que recorren pueblos recitando poemas, en donde aparecen tigres y orangutanes entrenados para jugar ajedrez. “Es como si el animal estuviera ahí” Ja. No me queda ninguna duda, si lo sacaron fue porque no había de otra, sino hubieran sido obligados por las autoridades competentes ahí estaría aún, estafando mentes provincianas con su poética reconstructiva, casi que testimonial.

Con un discurso plagado de referencial alas ciencias sociales euro centristas, intento atacar la misma idea del pensamiento colonialista moderno. Analizamos nuestra Francia querida, y bajo la certeza de que las bases misas de todo este fenómeno social se reproducen en el mundo, hemos redactado manuales de pensamiento a para intelectuales del tercer mundo Unos que, en su gran mayoría no poseen una obra propia y se pasan décadas, propagando el pensamiento de sus ciudad y su gente en escenarios disímiles.

Por Cristian Parada

Comments

comments