Ya saben, escribir no muerde, Semanario 53

Ya saben, escribir no muerde, Semanario 53

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Liderar espacios de participación juvenil, producir una colección de cuentos infantiles reconocida a nivel nacional y haber recorrido el prácticamente todo el Valle del Cauca gracias al apoyo de la CVC, son algunos de los logros que Miguel Fernando Caro recuerda cuando habla de la fundación Escribir no muerde.

Leyendo en voz alta a unos jóvenes en la Feria del Libro de Cali, a la que fue invitado hace 20 años, surgió la idea de la fundación. Entonces, junto a su esposa Mónica, deciden abrir las puertas de su hogar para compartir con la comunidad su amor por los libros, la lectura, la escritura. Todo esto con un único fin, promover cada una de ellas de manera certera y creativa, teniendo en cuenta lo que un ser humano se puede expresar, haciendo un aporte enorme a la construcción de estrategias de paz, porque como dice Miguel, “siempre hemos considerado que el gran problema de este país, es que la gente como no tiene medios pacíficos o creativos para expresarse, recurre a formas de violencia”

La fundación le apostó a espacios de expresión creativos para miles de jóvenes de colegios públicos y privados, construyendo tejido social, donde la lectura y la escritura fuera un medio donde ellos sintieran que valía la pena exponer su punto de vista, ya que iba hacer publicado y visible para la ciudad, dándoles, de paso, experiencia real frente a un público.

Miguel dirige talleres literarios que han tenido reconocimiento a nivel nacional. El que dirige fue elegido el mejor de Colombia en el año 2006 – 2007. De los 22 talleres que en ese momento había en el país, cuatro de sus talleristas fueron publicados.

No solo se dirigen a población escolarizada. Analfabetas, indígenas, afrocolombianos hicieron parte de talleres y proyectos, a través de las herramientas pedagógicas que los maestros llevaron a las aulas gracias al convenio con el diario El País. Con la CVC hicieron presencia en 42 municipios del Valle del Cauca y tuvieron invitaciones a diferentes sitios, como La Guajira, El Eje Cafetero e Ibagué, todo esto representado en un libro llamado II Encuentro Vallecaucano de Cuento Infantil Ecológico Escrito.

Tal vez su proyecto más mentado se Viva lo Breve. Este fue un espacio de participación juvenil, que hizo parte de un proyecto con la Cámara de Comercio de Cali. “En el año me recorría 40 o 50 colegios, leyéndoles a los pelados, haciéndoles talleres, donde ellos escribían. Publicamos unos libros maravillosos, de 1994 al 2001”, recuerda Miguel. Con la Universidad Autónoma de Occidente se pactó la continuidad del proyecto desde el año 2002 hasta el 2007.  Con esta experiencia, la fundación recopila y logra convertir todo en una metodología que produjo dos libros con actividades, llamados Escribir No Muerde, y finalmente unas memorias con una serie de conclusiones de lo que dejó todo este proceso.

Hoy en día hacer libros es muy sencillo, siempre y cuando se cuente con los recursos económicos. Sin embargo en una sociedad donde no te enseñan a leer sino a pasar la materia, es muy difícil fomentar el hábito efectivame4nte. Dice miguel, “en los colegios engendran literofobia, odiar todo lo que tenga que ver con literatura, dejando claro, que hay excepciones. Me refiero a aquellos que le apuestan  a nuevas maneras, donde los jóvenes se enamoran de la literatura. Para que eso suceda, tiene que cambiar el sistema que tiene que ver con los libros. Hoy en día los obligan a leer María, El Quijote, 100 Años de Soledad, y los muchachos hacen copy/page de los resúmenes, que es lo que le piden los profesores. Podría decir que el sistema escolar está basado en falacias, en mentiras, porque el muchacho sabe que no lo hizo, el profesor, el padre de familia, el coordinador, el rector también lo saben, y sin embargo le ponen 5 y cuando pasan a la universidad el muchacho no sabe hacer un ensayo, porque son expertos en copiar y pegar”

Él lo vive ahora como docente universitario de primer semestre, cuando les dice a los estudiantes que escriban un ensayo sobre sus recuerdos con la literatura en el colegio. Y afirma que de 100, 5 son gratos y 95 son ingratos. Entonces los colegios están absolutamente perdidos, todavía les están obligando a leer una cantidad de libros que para los jóvenes no significa nada.

Y es la Universidad San Buenaventura que ha reconocido su trabajo; se ha convertido en el escenario donde ha podido continuar esta labor, porque en este instante la declaración de renta de la fundación está en ceros. Por falta de apoyo a nivel municipal y de instituciones culturales, donde por todo este trabajo de hace 20 años el premio es la indiferencia.

Es ahora donde están viendo los frutos de su trabajo, gracias a instituciones privadas. Mónica, su esposa, viajó hace poco fuera del país a una convención por su buen desempeño labora. En menos de un año de estar trabajando reconocieron su trabajo.

Juntos, como Fundación, están buscando escenarios a nivel empresarial, trabajando el tema de la creatividad, sin perder la esencia que los unió para crear este maravilloso espacio. Les quedó claro que a través de la lectura y escritura creativa se puede agregar valor a una empresa, a un producto o a un servicio.

Por Andrea López

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