Desterrados

Desterrados

Jhon Alexander Cabanillas

Jhon Alexander Cabanillas

Si un espíritu lamenta su destierro, también se reaviva si ve gente de su misma tierra consigo en tierra ajena. Pero, aunque vengan de una misma tierra, no siempre son de común naturaleza. Unos vienen de la corriente del río…, como los que solía ver hace tiempo lejos de aquí, cuando fluían entre mercaderes de sábado. Recuerdo que arribaban en chiva a ofrecerle a esa plaza cuanto llevaban de sus tierras frías.

Ayer los volví a ver, lejos de esa plaza actuaban en una imitación artificial de mundo primitivo. Con rebozos de azul estridente y sombreros de fieltro, y más allá, para ornamentar esa escena de ilógica composición, se erigían dinosaurios en pleno ardor de esta ciudad. Porque en esta ciudad hay un lugar así ¡Qué imagen más irrisoria!

En chiva deben arribar aún allá. Ya no los veo, aunque ayer ellos me vieron acá y al parecer ese encuentro nos hizo reconocer como desterrados. Acá se agolpan entre gente de ciudad, entre gente que no es de su misma gente. Y en esta ciudad, sólo para recordarlos, quise descubrirles su propia índole, pero el capricho, propio de la nostalgia, terminó por descubrirme a mí mismo:

Gente del agua. Mejor se los conoce por otro nombre, pero prefiero el Misak porque son hijos del Pishimisak que es hembra y macho a la vez: Pishi es agua; Misak es gente. Descendieron chumbados de la unión de dos lagunas. Y siempre de la unión de dos elementos que se contraponen nace su cosmovisión.

Y su tiempo… Su tiempo maravilla porque no existe, ni la palabra existe en el Wam que es su propia lengua. Hacer les equivale a tiempo, pues ellos en lugar de vivir, hacen o se mueven y así se hace el tiempo. Su pasado pasó, pero viene adelante; su futuro va a pasar, pero es atrás donde viene. ¡Qué cosa más diferente en este pensamiento de occidente! Sin embargo quiero suponer para aventurarme a entenderlos y para ello me serviré del Tampal Kuari. No es ese un modo de pensar que me inventé ni nada semejante, sino su sombrero que me ejemplariza mejor su tiempo. Su tejido nace del centro y continúa en espiral al extremo, pero también parece nacer del extremo y construirse hasta el centro. Creo que así es su hacer, pues ellos giran del centro al extremo y de allí retornan al centro: cuando van, el futuro está atrás porque es el que recogen cuando vienen, así cuando vienen, el pasado esta adelante, porque es el que hicieron cuando fueron.

Se han movido de su centro y hoy están en el extremo; se han movido de allá y hoy están acá.

Mañana retornaran, pues ayer sólo hacían. Se movían en el andén de una calle que divide esa doble vía. Cuando ellos venían yo apenas iba, pero tuve la ilusoria impresión de pertenecer a ellos porque sé que a mi pueblo retornaré algún día.

Como desterrados aún estamos acá. Yo debí moverme por firme voluntad, quien sabrá si ellos también… De cualquier modo, este espíritu se alivia pues sabe que aun acá, aun en el ardor de esta ciudad ellos conservan su vestimenta de tenaz resistencia. Así los sabré reconocer a donde nos movamos, me reconocerán ellos también; nos reconoceremos como los dos de ayer: como desterrados.

Por Jhon Alexander Cabanillas

@AlexanderCaban

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