El retorno de Battosai en la gran pantalla: Una reseña de Rurouni Kenshin (2012)

El retorno de Battosai en la gran pantalla: Una reseña de Rurouni Kenshin (2012)

Rurouni-Kenshin

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Muchos tuvimos la fortuna – sobre todo los de mi edad – de conocer y disfrutar destacados exponentes de la siempre interesante animación japonesa o Anime, generalmente enfocada al público juvenil y adulto, aparte de los niños claro. Canales de televisión como Locomotion –ya extinto por desgracia, pero que proponía nuevas percepciones frente a la animación- o el antiguo Cartoon Network latino, nos regalaban inmensas aventuras en series como “Dragon Ball”, “Inuyasha”, “Neon Genesis Evangelion”, “Cowboy Bebop” y la que nos concierne “Rurouni Kenshin”, mejor conocida por estos lares como “Samurai X”. Sin embargo, dispongo de su reciente adaptación al cine en acción real para compartirles mi modesto análisis.

Tenemos el relato de un samurái al principio de la era Meiji en Japón llamado Kenshin Himura, quien posee un oscuro pasado pues puso su katana al servicio de la restauración, un periodo de guerra que puso fin al feudalismo Shogun y estableció la autoridad del emperador, con la influencia británica en su estilo de vida por supuesto. En ese momento fue el asesino más famoso y temido, siendo conocido como “Battosai el destajador”. Aunque en los tiempos pacíficos de la nueva época, él se convierte en un vagabundo que ayuda a la gente en un intento de enmendar todas las vidas que arrebató y por ello lleva una espada sin filo en clave de símbolo, evitando volver a matar. Cuando van transcurriendo sus crónicas, darían rienda suelta para abordar cuestionamientos sobre el subjetivo concepto de justicia.

Ahora, les recuerdo que esta cinta y el programa son basados en la obra Manga del consagrado Nobuhiro Watsuki, por lo tanto en ambas se toman ciertas licencias al adaptarse a los distintos lenguajes. Si en los episodios del anime había tiempo para construir personajes, desarrollar los conflictos en dramáticos sucesos, e inclusive las batallas libradas por Kenshin tengan un buen seguimiento, ampliando su universo; en el traslado fílmico han realizado una correcta síntesis al conectar los eventos hacia propósitos cruciales. No obstante, por la necesidad de crear un hilo narrativo conductor con buen ritmo, algunos personajes secundarios no salen tan bien perfilados frente a sus homónimos de las viñetas, al ser razonablemente relegados. Aun así conservan ciertas señas de identidad y son de importancia parcial en la progresiva trama. La única interacción significativa se presenta entre Kenshin y Kaoru, una joven mujer esencial durante el recorrido vital del guerrero al ser un catalizador principal de su redención; involucrándonos con ellos por su breve pero moldeado trasfondo.

En cuanto a las secuencias de acción – admitámoslo, eran una gran razón para ver la serie- son dinámicas y bien coreografiadas, bastante potentes sin buscar un total realismo. Son verosímiles a pesar de su hipérbole física, aunque no llegan a ser tan espectaculares por la forma en que se filmaron; contadas tomas no son concretas y específicos movimientos de cámara pueden confundir al espectador, pero tiene otras bien montadas que sorprenden, mas no abruman. Frecuentes  descuidos de su director Keishi Ohtomo al ser su opera prima; cumpliendo eso sí en lo demás vale aclarar.

Lo anterior nunca impide esa gratificante nostalgia que genere probablemente, sin embargo alguien ajeno a los periplos de muestro samurái nómada podrá adentrarse en una contundente ficción histórica que espero continúe en su necesaria secuela. Tal vez logre conmover con su orientación moral, mediante individuos de firme integridad ética y su persistencia confrontando la nueva era.

Por Oscar Cabrera

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